13 de septiembre de 2020

Estoy loca pero elijo esta locura: mestizaje queer y rebelión impura


Dibujo de Grecia Guzmán Martínez a partir de retrato de Beatriz Guzmán Velasquez 
y frase de "Canción de la diosa de la noche" de Gloria Anzaldúa


K: ¿Cómo describirías tu propia filosofía entonces?

G: Yo la describiría así como describo mi espiritualidad. Mi realidad espiritual, que yo llamo mi mestizaje espiritual. Pienso que mi filosofía es como un mestizaje filosófico tomado de diferentes culturas – por ejemplo, de culturas de Latinoamérica, de personas de color, también europeas (…) cruzar las fronteras es importante en ese contexto también. No es solo cruzar fronteras en una realidad física, sino también cruzar fronteras en una realidad espiritual tal como con otras realidades.


                       Karin Rosa Izas, ‘Gloria Anzaldúa’ en Chicana Ways: conversations with ten chicana writers (Reno, Las Vegas: University of Nevada Press, 2002), pp. 1-25 (pp. 15-16).

  

 

Dice la RAE que la palabra “chicana” significa artimaña o procedimiento de mala fe, especialmente el utilizado en un pleito por alguna de las partes. También dice que “chicana” es la persona de origen mexicano que vive en Estados Unidos de América, especialmente en la frontera. 


Desde una perspectiva feminista y decolonial, María Lugones explicaba que las chicanas son el mejor ejemplo que ella conocía de “personalidad dual”, un sujeto que es simultáneamente diferente e igual: sujetos postculturales, sujetos divididos y contradictorios producto de una imaginación etnocéntrica y racista. Sujetos que habitan la impureza como una forma de resistencia y rebeldía. Así la chicana, como la loca, serían una artimaña de la impureza.

 

Quizá sea, desde ahí, que Gloria Anzaldúa dice,


Para sobrevivir en las Borderlands

         debes vivir sin fronteras

         ser cruce de caminos

Borderlands. La nueva Mestiza


Gloria Anzaldua nació en 1942 en el Valle del Río Grande (en los bordes del Río Bravo -frontera de México con Estados Unidos-). Es reconocida como una académica y militante feminista lesbiana y chicana, cuya obra ha logrado traspasar los limites entre culturas, estilos literarios, sexualidades, y agregamos nosotrxs, corduras y locuras. Entre otras cosas, se le atribuye haber incorporado en la academia estadounidense el término mestizaje y, a través de la figura de la nueva mestiza, desafiar los binarismos que han estructurado históricamente el pensamiento occidental. 


Además, en su activismo, pensamiento y teoría, se ha reconocido la espiritualidad como un eje central. Una espiritualidad capaz de cruzar bordes entre planos físicos, sensoriales e intelectuales, en el marco de una militancia literaria cargada de discurrencias fuera de la razón. Casi, como diría ella misma, entrar en Estados Chamánicos que, a través de la escritura, llevan a la sanación,


Cuando creo historias en mi mente, es decir, cuando permito que las voces y las escenas se proyecten en la pantalla interior de mi mente, yo ‘entro en trance’. Antes pensaba que me estaba volviendo loca o que estaba alucinando. Pero ahora me doy cuenta de que es mi trabajo, mi vocación, tratar con las imágenes. Algunas de estas narrativas parecidas a películas las escribo; la mayoría se pierde, olvidada. Cuando paso días o semanas o meses sin tomar nota de las imágenes, me siento enferma físicamente. Como escribir evoca imágenes de mi inconsciente y dado que algunas de esas imágenes son residuos de un trauma que luego tengo que reconstruir, a veces me pongo enferma cuando escribo. No puedo tolerarlo, me dan náuseas, ardo en fiebre, me pongo peor. Pero al reconstruir los traumas que están detrás de las imágenes, les encuentro el “sentido” y una vez tienen “significado”, cambian, se transforman. Es entonces cuando escribir me sana, cuando me aporta gran alegría. 


Se trata de un conjunto de acciones y sentidos que, en ese constante cruce de fronteras, reivindican el poder de lo deforme y lo irracional de los sujetos limítrofes: ‘maimed, mad and sexually different people are believed to possess supernatural powers’ / (en las culturas de los pueblos originarios) se cree que las tullidas, locas y personas sexualmente diferentes poseen poderes sobrenaturales (Ana Cruz García). Límite, frontera, borde y fragmentación indican líneas o puntos de separación entre realidades. 


Desde ahí, Anzaldúa articula comunidades abyectas y disidentes, apropiándose de lo queer y haciendo uso del término en sentido reivindicativo (incluso una década antes de su popularización en la teoría y la academia norteamericana blanca -Facundo Nazareno-). A la pregunta, ¿Qué soy? Anzaldúa responde: “Una lesbiana feminista tercermundista inclinada al marxismo y al misticismo. Me fragmentaron y a cada pequeño pedazo le pondrán una etiqueta”. Y reivindica ese conjunto de pedazos o etiquetas, que son finalmente no-lugares entre culturas, sexualidades y espiritualidades, en su intersección con una impureza radicalmente amenazante,

 

We are the queer groups, the people that don’t belong anywhere, not in the dominant world, nor completely with our own respective culture. Combined we cover so many oppressions. But the overwhelming oppression is the collective fact that we do not fit, and because we do not fit we are a threat (en La Prieta texto original) / Somos los grupos raros, la gente que no pertenece a ningún sitio, ni al mundo dominante, ni completamente a nuestra propia cultura. Todos juntos abarcamos tantas opresiones. Pero la opresión abrumadora es el hecho colectivo que no cuadramos, y porque no cuadramos somos una amenaza (La prieta, texto traducido).


En tanto loca, escritora y chicana queer (así titularía su texto de los 90: To(o) Queer the Writer-Loca, escritora y chicana), Anzaldúa plantea a lo largo de sus obras una continuidad entre las fronteras de la sexualidad y el género, las fronteras culturales, las fronteras literarias, y las fronteras de la razón,


Mirar dentro de mí misma y de mi experiencia, mirar a mis conflictos me genera ansiedad. Ser escritora se parece mucho a ser Chicana, o ser queer – mucho retorcerse, darse contra todo tipo de muros-. O lo contrario: nada definido o definitivo, un estado de limbo sin límites en el que floto y pateo con los talones, rumio, filtro, hiberno y espero a que suceda algo. Vivir en un estado de desasosiego psíquico, en un borderland, es lo que hace que los poetas escriban y los artistas creen. Es como una espina de cactus metida en la piel. 

Borderlands. La nueva Mestiza

 

Y no solo en los textos de Anzaldua, sino en gran parte de la literatura mestiza y chicana, “la figura de la loca, quien traspasa los límites de lo normal, lo racional y lo aceptable, encaja en la línea de ‘atravesados’ fronterizos de la cultura de la frontera” (Ana Cruz García). Las atravesadas, junto a las machas, las escandalosas, las mujeres de fuerza, las mujeres andariegas, las mujeres callejeras, las alegadoras, las malcriadas, las descaradas, las malinches, las locas en la literatura chicana, potencian la figura de la mestiza y la migrante de personalidad híbrida. En sus textos, las escritoras chicanas, pecadoras disidentes transgresoras, hablan como sujetos y se resisten a la pérdida de identidad ante la globalización y ante la uniformización de los sujetos (Pilar Godayol).


La figura de loca aparece también como encarnación de la resistencia ante la uniformización patriarcal del género y la subjetividad de las mujeres. Por poner un ejemplo, Rosario Castellanos (“madre y maestra del feminismo mexicano” -Graciela Hierro-) decía que la locura es una de las alternativas al hecho de sobrepasar los límites y estereotipos opresivos de género. Decía que, ante esto, la mujer mexicana tiene tres posibilidades: fuga, locura o muerte (a veces, incluso todas).

 

¿Sería la literatura mestiza una forma de disociar la locura de su etiqueta médica y de la “enfermedad” (y como diría Kaup en Cruz García, valorar sus capacidades para el insight, el conocimiento y la revelación -y agregamos nosotrxs, la resistencia-)?. Lo cierto es que, tal como el arte chicano, la poesía mestiza sería una cultura de protesta (Sylvia Gororesky). Y, retomando a Anzaldúa y a Lugones, una forma de reivindicar los bordes y la rebelión de las impurezas,

 

Algo que se halla en medio de esto o de lo otro, algo impuro, alguien o algo mestizo, separado, cortado, resistiendo a su estado de corte. El mestizaje desafía simultáneamente el control afirmando lo impuro, el estado múltiple cortado y también con el rechazo de rechazar la fragmentación en partes. En este juego de afirmación y rechazo, la mestiza es inclasificable, inmanejable. No tiene partes puras para ser ‘tenida’, controlada.

 

Cual chicana, nueva mestiza, loca descolonizada, lesbiana, prieta, mujer impura, atravesada, limítrofe, queer, fronteriza, y permanenetemente fragmentada, dice Anzaldúa,


Soy una puente columpiada por el viento, un crucero habitado por torbellinos, Gloria, la facilitadora, Gloria, la mediadora, montada a horcajadas en el abismo. “Tu lealtad es al Tercer Mundo”, me dicen mis amigos negros y asiáticos. “Tu lealtad es tu género, a las mujeres”, me dicen las feministas. También existe mi lealtad al movimiento gay, a la revolución socialista, a la Nueva era, a la magia y lo oculto. Y existe mi afinidad a la literatura, al mundo artístico. ¿Qué soy? Una lesbiana feminista tercermundista inclinada al marxismo y al misticismo. Me fragmentaron y a cada pequeño pedazo le pondrán una etiqueta.

La Prieta


Canción de la diosa de la noche

Estoy loca

pero elijo esta locura

El dios está desquiciado.

Nos guarda rencor a mí y a todos los cuerpos.

Él rechaza lo oscuro dentro de la llama.

En cuanto a mí,

renuncio a mi parentesco

con el mundo y con todas sus partes,

renuncio a mi vasallaje a la naturaleza.


Borderlands, la Nueva mestiza



Mitad y mitad

Había una muchacha que vivía cerca de mi casa. La gente del pueblo decía que era una de las otras, “of the Others”. Decía que durante seis meses era una mujer, que tenía vagina y sangraba cada mes, y que durante los otros seis meses era un hombre, que tenía pene y meaba de pie. La llamaban mitad y mitad, mitá y mitá, ni una cosa ni la otra, sino un extraño carácter doble, una desviación de la naturaleza que provocaba terror, un trabajo invertido de la naturaleza. Pero la anormalidad y la llamada deformidad poseen un elemento mágico. Según el pensamiento mágico-religioso de las culturas primitivas se creía que las personas mutiladas, locas y sexualmente distintas poseían poderes sobrenaturales. Para ellos, la anormalidad era el precio que una persona tenía que pagar por ese extraordinario don con el que había nacido. 

Hay algo emocionante en ser a la vez macho y hembra, tener entrada a ambos mundos. Contrariamente a lo que afirman ciertos dogmas de la psiquiatría, las personas “mitad y mitad” no sufren confusión sobre su identidad sexual o sobre su género. Por lo que sufrimos es por una dualidad absolutamente despótica que asegura que sólo podemos ser una cosa o la otra. Afirma que la naturaleza humana es limitada y no puede evolucionar hacia algo mejor. Pero yo, como otras personas queer, soy dos personas en un cuerpo, masculino y femenino. Yo soy la encarnación del hieros gamos: la reunión de una sola entidad de atributos opuestos.


Borderlands, la Nueva mestiza



Referencias bibliográficas:

  • Anzaldúa, Gloria (2016). Borderlands. La nueva mestiza. Capitán Swing: Madrid
  • Anzaldúa, Gloria (1981). La Prieta. This Bridge Call My Back: Writings By Radical Women of Color, CA: Third Woman Press, 220-233
  • Cruz García, Ana. (1977). Re(de-)generando identidades. Locura, feminidad y liberación en Elena Garro, Susana Pagano, Ana Castillo y María Amparo Escandón. Peter Lang: Alemania.
  • Godayol, Pilar (2005). Locas de la raza cósmica: literatura, género, chicanismo. LiminaR [online], 3(1):100-107.
  • Gorodezky, Sylvia (1993). Arte chicano como cultura de protesta. UNAM: México
  • Hierro, Graciela (2002). Madres simbólicas del feminismo en México. En Gutiérrez Castañeda, Griselda (Coord.). Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina. PUEG: México.
  • Ikas, Karin (2001). Chicana ways: Conversations with Ten Chicana Writers. University of Nevada Press: EUA.

  • Nazareno Saxe, Facundo (2015). Chicana, lesbiana y queer. Gloria Anzaldúa como pionera y precursora de la teoría queer. Cuadernos de Literatura del Caribe e Hispanoamérica. 22: 37-51.

8 de septiembre de 2020

Mandrágora: fanzine del colectivo B.U.C.L.E.S

 


En un ejercicio de “autodefensa feminista antipsiquiatra”, el colectivo B.U.C.L.E.S explicaba en el año 2015,


Venidas de muchos lugares y aterrizadas en la ciudad-desorden de Barcelona, unas cuantas desequilibradas nos hemos encontrado y hemos decidido emprender un viaje juntas bajo el nombre de Las Bucles (Boges Ultravioletes Conspirant Lluites Excèntriques per Sobreviure / Locas Ultravioletas Conspirando Luchas Excéntricas para Sobrevivir).


“Bucles” rinde homenaje a la palabra-concepto cómplice que cotidianamente utilizamos entre nosotras para nombrar esos estados de no-retorno, de pensamiento repetitivo y obsesivo, todas aquellas emociones que siempre vuelven, ya sea a raíz de un conflicto personal o político, de unas vivencias corporales incómodas, o de un malestar indefinido y cíclico.


En el mismo año, publican un fanzine en donde se integran pensamientos, artes, desquicios y diversas experiencias para poner sobre la mesa las lógicas de cuidados y los ritmos hiperproductivos, junto a las relaciones entre la psicopatologización y la construcción social del género (considerando la psicologización como un dispositivo de control de la vida cotidiana). Un encuentro en donde, a partir de la crítica a la industria psicofarmacológica, se explora el farmacopoder y sus relaciones con los cuerpos y subjetividades. El fanzine representa una respuesta ante la necesidad de seguir recuperando las genealogías feministas de la locura, visibilizando historias locxs “haciendo caso”, en lugar de “convertirlas en caso”. En suma,


“Mandrágora”, es una publicación donde expresar todos los delirios posibles, a través de la escritura, la poesía, los gritos, el dibujo, o ninguna de ellas, o un conjunto de todas… Busca entrelazar nuestras experiencias cotidianas, personales y colectivas, de cómo nos sentimos locas en este sistema heteropatriarcal y capitalista, cómo nos salva y mata nuestra condición feminista, y narrar así el malestar a través de nuestras realidades en los espacios colectivos o de militancia, cuestionando “el origen” de la enfermedad, el binomio sanx-enfermx, la violencia de la normalización sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos, que determinaría quién entra y quién queda fuera de lo socialmente adecuado, adaptado, razonable, “normal”…



Desde la Lokapedia, agradecemos a cadx unx de lxs BUCLES la oportunidad de difundir en este espacio de memoria y cultura feminista loca esta edición de La Mandrágora, Publicación Feminista Antipsiquiátrica




6 de septiembre de 2020

"entre nos otras": primer fanzine del Círculo de Feminismo Loco Latinoamericano


El fanzine “entre nos otras”, primera obra colectiva del Círculo de Feminismo Loco Latinoamericano, es un ejercicio de recopilación, sistematización y registro de aprendizajes y reflexiones desde el feminismo, la locura, la memoria y la transnacionalidad, que toma como punto de referencia política los territorios de Latinoamérica y el Caribe; nuestro Abya Yala. 


Entre otras cosas, intenta generar un aporte a la historia y la construccion de una memoria feminista loca y descolonial. La obra parte de un ejercicio de lectura, reflexión, apoyo mutuo, e invocación constante de ancestras brujas y ancestras locas. Ellas son recordadas y re-leídas para crear reconocimientos y sentidos colectivos, contrahegemónicos, sanadores y reparadores que hablan tanto del pasado como del presente de las mujeres locas. El fanzine surge, además, desde las similitudes pero también desde las particularidades y las diferencias en las trayectorias biográficas de quienes han integrado el Círculo a lo largo de cuatro meses. De ahí el nombre “entre nos otras”.


Las obras recopiladas dan cuenta de ello: activismos, artivismos, feminismos que reivindican la autonomía de los cuerpos y los territorios, locuras psiquiatrizadas en resistencia, locuras no medicalizadas, corduras cuestionadas, encuentros, deseos y subjetividades queer; incluso, cruces con los saberes que se producen desde una academia medio enloquecida. Así pues, las obras compiladas sitúan a la locura, y sus antecedentes brujeriles, en distintos registros: por un lado registros no medicalizados ni psiquiatrizados; por otro, registros de denuncia y resistencia a las lógicas, opresiones y violencias del dispositivo psicobiomédico y occidental. Dicho de otro modo, muchas de estas obras reflejan procesos biográficos y personales de relación con la locura y el psistema, generando encuentros que desafían lógicas normativas y que permiten la creación de resistencias colectivas.


Por otro lado, aparecen obras que han emergido desde la profundidad del cariño y de las reflexiones de cuatro meses de reuniones virtuales en el marco de un ciclo de lectura llamado “Memorias feministas locas” (del cual pronto derivó el Círculo de Feminismo Loco Latinoamericano). Se puede apreciar un recorrido de las brujas hasta las locas, buscando referentes de América Latina y el Caribe (como Tituba, Malambo y la Quintrala), así como releyendo con propios ojos a locas europeas y estadounidenses (como a Kate Millett o las memorias de la Señorita Chevallier), e incluso, repensando las teorías sobre la histeria y los estudios sobre la caza de brujas y la colonización.


La portada muestra símbolos que aparecieron una y otra vez en las reuniones del Círculo: el agua (junto con la idea del desbordar y fluir, y la fuerza que representan las olas de mar); la oscuridad (y la intención de re significarla desde un Orgullo Loco antirracista; abrazar estados psíquicos y subjetivos donde la locura y la oscuridad no se presenten como lo indeseable, amenazante y desconocido, sino resignificarlas hacia la resistencia, la potencia, la sanación); las flores (y la idea de brotar y surgir, juntas, desde y hacia la tierra); el fuego (junto con la necesidad de sentir y arder). 


En total, la obra se compone de 40 páginas. En suma, se trata de una forma más de generar conocimiento feminista en comunidad, en este caso, desde y hacia la memoria, la locura, y nuestro Abya Yala.


Desde la Lokapedia, agradecemos al Círculo de Feminismo Loco Latinoamericano la oportunidad de difundir en este espacio de memoria y cultura feminista loca esta edición de entre nos otras.




5 de septiembre de 2020

Mi mala madre, la loca



Madre loca e hija loca, las malas

Madre loca e hija loca, las malas



Por Sito Lavander



“¡Hola, mamita!” – Tienes una mala madre. - “¿Cómo estás?”- Te abandonó. - “¿Cómo va el trabajo?”- Está loca.


¡Ah! ¡Mi mala madre, la loca!


“Tienes una mala madre… te abandonó… está cagada de la cabeza…tu madre está loca, te abandonó y es una mala madre. Que seas lesbiana es culpa del abandono de tu mala madre, la loca. Que seas alcohólica es culpa del abandono de tu mala madre, la loca. Que todo lo que no me parece como padre sobre ti, es culpa de tu mala madre, la loca, porque es madre, una mala madre y está loca. ¿Dónde estuvo ella, tu mala madre, la loca, cuando la necesitaste?”


La primera persona que me dijo que mi mala madre, la loca, me había abandonado, fue la pareja de mi padre. Sí, la misma mujer que se metía en mi cama de niña y se frotaba contra mi cuerpo, la de los primeros gemidos que escuché, esos que eran el ruido estruendoso del quebrajarse de mi ternura infantil. Sí, la misma que no oscilaba a la hora de gritarme, de amenazarme, de… tal vez esto no corresponde aquí. Esa nunca fue mi madre, aunque quisieron forzarme a decirle madre, buena madre, porque claro, ella no estaba loca y estaba ahí, pero yo nunca le dije madre. Mi madre, es la mala madre, la loca.


La primera persona que me dijo que mi mala madre, la loca, estaba loca, como si eso fuese un insulto, algo de lo que avergonzarse, algo malo, fue mi padre. Sí, el mismo que me dijo que todo eso que a sus ojos había de malo en mí, era culpa de mi madre, mi mala madre, la loca. “Te pareces tanto a tu madre”, es lo que escucho cada vez que hago o digo algo, o no hago, o no digo, que a sus ojos de padre es reprochable.


A lo largo de mi vida he escuchado de distintas personas decir que tengo una mala madre. Porque mi mala madre, la loca, se fue a vivir a los Estados Unidos cuando yo tenía alrededor de 5 años, y vive allí desde entonces tratando de tener un mejor porvenir del que tenía en Chile; y que, por el contrario, el lugar de las buenas madres es en la casa criando a sus hijes.


Mi mala madre, la loca, estaba lejos, pero siempre estuvo ahí para mí dentro de sus posibilidades de mujer trabajadora precarizada, ahorrando peso a peso para poder llamarme, mandarme una carta, una encomienda, algo de dinero, viajar cada dos o cuatro años para verme, tomar mi manito, besarme la frente, decirme “te amo”. Mi mala madre, la loca, me regaló a la Flor Julia, su primera y única muñeca, mi primera muñeca, esa que no pude impedir que botara a la basura la pareja de mi padre, esa muñeca que debería todavía acompañarme como el tesoro que es. Mi mala madre, la loca, tenía tres trabajos para poder ahorrar y estar presente en mi licenciatura de cuarto medio. Mi mala madre, la loca, me enseñó a ser humilde, empática, a respetar a les demás, a admitir cuando nos equivocamos y tratar de enmendarnos, a luchar por aquello en lo que creemos y queremos, a valorar mi corazoncito, entre tantas otras cosas. Mi mala madre, la loca, viajó de sorpresa y apareció junto a mi cama un día mientras deliraba de fiebre y me cuidó hasta que mejoré. Mi mala madre, la loca, luego de haber vencido el cáncer al pulmón, volvió a juntar todos sus pesos y se deshizo de las pocas cosas que había logrado juntar con el sudor de su frente, para viajar a Chile y acompañarme cuando caí en rehabilitación. Porque sí, yo, su mala hija, la loca, soy alcohólica, o eso han dicho incansablemente.


De todo lo malo en nuestras vidas siempre le han atribuido la culpa a mi madre, por ser mala y estar loca, y a mí, por parecerme a ella, ser mala y estar loca.


¿Qué saben esas personas sobre ser madre y ser hija como para juzgarnos? ¿Qué saben esas personas sobre ella, mi madre, la loca, como para decir que es una mala madre? ¿Qué saben esas personas sobre mí, su hija, la loca, como para decir que soy una mala hija? ¿Qué saben esas personas sobre lo que es estar loca?


Mi mala madre, la loca, nació en Antofagasta, Chile. Creció en las poblaciones mineras del norte de ese país, jugando entre adultes con amiges imaginaries, porque no tenía a nadie más. A sus seis añitos fue internada en el hogar de niñas La Providencia, lugar donde pasó su infancia y adolescencia. Nunca visitada por su familia. Ignorada por su abuela en razón de ser mujer. Maltratada por las monjas. Abusada sexualmente por su padre. Obligada a trabajar desde ese entonces durante todos los veranos. Esas eran sus vacaciones de niña, de mi mala madre, la loca.


Me han dicho que mi mala madre, la loca, nos tomó un día a mi hermano y a mí y huyó de la casa de mi padre, mientras éramos muy pequeñes. Nunca he sabido todo lo que debió haber pasado que la llevó a tomar esa decisión. No puedo imaginar el dolor, el sufrimiento. Juntes conocimos la pobreza y el hambre. Deambulamos por distintas regiones del país, siempre de allegades indeseades, siempre violentades, siempre malas, siempre locas. En nuestros días más duros sólo podíamos alimentarnos de comida para perros, porque no había más.


Cuenta mi padre que un día lo llamó una señora que aparentemente vivía en la misma pensión que nosotres y le dijo “si usted quiere a sus hijos, va a hacer todo lo posible por recuperarles”.


Sí, mi mala madre, la loca, nos golpeó, así como la golpearon a ella, pero lo cierto es que mi mala madre, la loca, ha sufrido más de lo que se pueden imaginar. Yo, su mala hija, la loca, también. Nos ha hecho sufrir el capitalismo, el patriarcado y el cuerdismo. Conmigo también ha hecho lo suyo la heteronorma y la lesbofobia. Con ella también ha hecho lo suyo el racismo y la xenofobia.


Nos han oprimido, nos han violentado, nos han juzgado, nos han discriminado, por haber sido pobres, por ser mujeres, por estar locas. Somos mala madre, la loca, y mala hija, la loca.


Mi mala madre, la loca, perdió el cuidado personal de sus hijes, mi hermano mayor y yo, su mala hija, la loca. Mi mala madre, la loca, dice que un tiempo después de eso, un día la encontraron los carabineros deambulando por las calles, hablando sola. Se ganó boletos para la cárcel psiquiátrica. Estuvo ahí un par de años, donde le pusieron una etiqueta diagnóstica, la amarraron, la doparon con drogas psiquiátricas y le aplicaron electroshocks. Mi mala madre, la loca, dice que tiene muchas lagunas mentales sobre esa época de su vida y que muchas veces prefiere no recordar, porque le duele. Duele el cuerdismo que encierra y castiga su locura. Duele la pobreza a la que la somete el capitalismo. Duele ser mujer cuando se vive en sociedades patriarcales. Duele ser una mala madre, una loca.


Del vientre de mi mala madre, la loca, salí yo, su mala hija, la loca. Su mala hija, la loca, también fue encerrada en una cárcel psiquiátrica cuando intentó pedir ayuda luego de tantos episodios de violencia sexual que ha vivido y haber cometido un intento suicida. A su mala hija, la loca, también le han puesto muchísimas etiquetas diagnósticas, ha sido dopada con drogas psiquiátricas y amarrada a una camilla. Su mala hija, la loca, la primera vez que le pusieron “contención mecánica”, gritó desesperada que no entendía porqué la amarraban a ella mientras quienes la habían violado seguían libres.


Podría decir tantas cosas sobre esa mala madre, la loca, y esa mala hija, la loca. 


Loca madre y loca hija, las malas, tienen una relación de complicidad. Se acompañan en la distancia, porque su amor desconoce de cualquier frontera. Madre loca e hija loca, las malas, se aman y luchan día a día contra el patriarcado, el capitalismo y el cuerdismo, desde sus propias trincheras, cada cual como puede, una en Estados Unidos, la otra en Chile.


Mi mala madre, la loca, está orgullosa de su mala hija, la loca, la mujer, la lesbiana, la camiona, la trabajadora social en potencia, la alcohólica rehabilitada, la mala influencia, la aspirante a rapera, la activista del feminismo loco, la escritora frustrada, la sobreviviente de violencia sexual, del maltrato infantil y de la psiquiatría, pero por sobre todas las cosas, de su mala hija, la loca. Su mala hija, la loca, está orgullosa de su mala madre, la loca, la mujer, la sudaca en resistencia, la migrante, la pobre, la trabajadora precarizada, la auxiliar de aseo, la estudiante, la que le ganó al cáncer al pulmón, la que pinta ocasionalmente, la escritora frustrada, la sobreviviente de violencia sexual, del maltrato infantil y de la psiquiatría, pero por sobre todas las cosas, de su mala madre, la loca.


Si hay una cosa más que agregar sobre mi madre, la loca, es que, para mí, puede ser muchas cosas, menos una mala madre. Espero que, para ella, yo, su hija, la loca, no sea una mala hija.