9 de noviembre de 2021

Nueve nombres: frente al historial, recuperar historias

La Lokapedia es un proyecto de difusión de biografías y proyectos feministas locos que trata de recuperar los nombres y las voces de mujeres locas del pasado y del presente, construyendo genealogía, y denunciando cómo la psiquiatría y otras disciplinas psi se han apoderado de la locura. Por eso, incorporar una entrada sobre un libro escrito por una profesional de la psiquiatría nos genera contradicción. Pero lo hacemos porque en sus páginas recupera la biografía de nueve mujeres, con sus nueve nombres, cuyas voces no tuvieron la oportunidad de ser escuchadas ni recordadas. Resaltamos esto último como un ejercicio político, así como la necesidad de escuchar las historias contadas en primera persona.


Nueve nombres es un libro escrito por la psiquiatra y feminista María Huertas, publicado por la editorial Temporal. Tal como indica su título, narra la vida de nueve mujeres a quienes la autora conoció en la década de los 70’s cuando “más de doscientas mujeres fueron trasladadas del obsoleto y vetusto Manicomio de Jesús al Hospital Psiquiátrico de Bétera” (p. 117), en Valencia. Para entender el contexto en el que está escrito el libro, el desmantelamiento de Jesús y los intentos por implantar una asistencia comunitaria, recomendamos Crónica del manicomio. Prensa, locura y sociedad de Cándido Polo. María Huertas nos habla de mujeres que “Llegaron sin nada. Nada de nada”, “Sin nombre, ni para comunicarse, ni para reconocerse” (p. 120). Invisibilidad e impunidad en un “circuito cerrado”. Sin ni siquiera nombre propio, o cambiado por la institución, “no existen, son invisibles, no hace falta que nadie las borre” (Rey Artime, 2020).


A partir de recuperar sus biografías e identidades, Nueve nombres denuncia la objetificación, la deshumanización y el olvido que produce la institucionalización psiquiátrica; situación escasamente abordada en la historia y activismos feministas. Por eso, rescatar las historias de vida de Ana, Amparo, María Jesús, Felipa, Dolores, Aurora, Blanquita, Margarita y María supone un ejercicio de reparación ante la deuda histórica del movimiento feminista hacia las víctimas de la psiquiatría. Si parafraseamos uno de los grandes lemas del movimiento, podríamos decir que, también en psiquiatría, “lo personal es político”, o más bien, “lo biográfico es político”.


Biografía vs Biología


Nueve nombres significa no solo un ejercicio de re-construcción de memorias individuales sino también de memorias colectivas: a través de cada biografía es posible pensar la locura en su interrelación con distintos sistemas y opresiones e identificar violencias comunes. Frente al relato neuroquímico hegemónico y los lenguajes psicopatologizantes desconectados de los contextos sociales, históricos y biográficos, Nueve nombres resalta el cruce entre la locura y la clase social, la violencia machista, la violencia sexual, los conflictos familiares, los duelos, los olvidos, las maternidades, las herencias, las rebeldías adolescentes, el trabajo sexual, el empleo doméstico, las incapacitaciones, las cárceles, los conventos, las iglesias; y el caso omiso que, históricamente, ha hecho la técnica psiquiátrica de todo ello.

 

Así, hace visible el cruce entre distintos aparatos del Estado en la vida de las mujeres y cómo este “crisol de opresiones” (Rey Artime, 2020) es nuevamente capturado en nombre de una aséptica “salud mental”. El ejercicio de recuperación de sus trayectorias vitales, validando su palabra, sus dolores y conflictos, representa un desafío al paradigma biomédico dominante; reconstruir sus historias de vida emerge como herramienta de resistencia; reivindicarlas es un acto político. Podríamos decir que en este desafío, Nueve nombres invita a pensar/nos menos desde la biología y más desde la biografía en contexto. 


Si bien en este ejercicio de reconocimiento la narración está realizada en tercera persona, la narradora participa únicamente como quien recuerda hechos y personas de algunas décadas atrás. Están ausentes las interpretaciones diagnósticas o clínicas, los lenguajes psicopatológicos y técnicos, o los análisis sobre las experiencias de las mujeres realizados desde un supuesto saber experto. Cuenta historias, individuales y colectivas; frente al historial o historia clínica. 


Lejos de ello, los relatos permiten imaginar los contextos de múltiples violencias y conectar emocionalmente con cada una de las mujeres protagonistas, con sus injusticias y con sus trayectorias. Así mismo permite conocer algunas de las acciones realizadas por militantes feministas en el ejercicio de profesiones relacionadas con la salud mental en un contexto de múltiples cambios en la misma área. Tal como describe María Huertas: “no queríamos una psiquiatría alternativa sino alternativas a la psiquiatría”.


Sin llegar a bautizar estas prácticas bajo algún paraguas disciplinar, podríamos decir que en la narración se reflejan esfuerzos por pasar de la práctica asistencial asilar a una práctica que prioriza la vida en comunidad. Entre otras cosas se pone en ejercicio una escucha biográfica (se presta el tiempo y espacio necesario para escuchar lo que ellas querían contar sobre sus vidas); se hace lo posible por contactar a las mujeres con sus seres queridos del pasado o con sus pueblos de origen, así como se les acompaña en los reencuentros; se cuestiona la medicación y se busca a las desaparecidas, encerradas o acusadas por otras instituciones y de ser necesario se hace de intermediaria. Así, más allá de una intervención meramente asistencial con objetivos predefinidos para encontrar su “rehabilitación” o su “recuperación”, se pueden apreciar acciones que intentaron hacer esas vidas más vivibles: su “reparación”.


Si bien, este tipo de prácticas no se generalizaron e incorporaron de manera sistemática, y la así llamada “reforma psiquiátrica” derivó, a largo plazo, más en una descentralización de los servicios que en una desmanicomialización ampliamente hablando (Ramón García, 1995).


Cuestionar el cuerdismo del “No estaban locas”


Imagen de María Manonelles, 27 de julio 2018 

(https://bruticiasublim.wordpress.com)


Varias reseñas del libro en prensa llegan a una de las conclusiones que ha estado históricamente presente en la psicología y la psiquiatría con orientación de género y feminista (por ejemplo, en las teorías de Phyllis Chesler), y que ha sido cuestionada por la militancia de los feminismos locos y los activismos en primera persona: si la causa del sufrimiento psíquico en las mujeres es el impacto de la estructura patriarcal (cruzada con otros sistemas) en sus biografías, eso quiere decir que ellas, “en realidad, no estaban locas”. Esta conclusión tiene, por lo menos, dos problemas. Uno es que implícitamente sostiene las hipótesis unicausales y genetistas/biologicistas de la locura. El otro es que legitima la intervención que se deriva de dichas hipótesis, sin cuestionar a profundidad la violencia institucional que esto puede significar para las mujeres “que sí están realmente locas”. Es decir, esta conclusión queda incompleta y cae en sesgos cuerdistas, al señalar la opresión patriarcal sin denunciar la violencia psiquiátrica, o bien, denunciándola sólo para aquellas consideradas “no realmente locas” (Chamberlin, 1975).


En este sentido, el reto consistiría en no negar las causas biográficas y estructurales del malestar y la locura, y al mismo tiempo, no validar ni permitir la violencia psiquiátrica hacia nadie, independientemente de si se le considera o no como “realmente loca”. Dicho de otro modo, frente al “no estaban locas, era el patriarcado”, podríamos decir, por un lado: “estaban locas y era el patriarcado”; y por otro, como decía Judi Chamberlin (en Recovery and Hope, 2010): “no queremos ser castigadas por sentir dolor y tratar de expresar ese dolor”.


En línea con esto último (las demandas de los feminismos locos o las locuras feministas, frente a la psicología y la psiquiatría de orientación feminista), cabe señalar la importancia de escuchar las voces en primera persona y reconocer la labor histórica de colectivos de personas locas y sobrevivientes de la psiquiatría en distintos contextos para hacer posible entornos de seguridad donde poder compartir sobre la locura en primera persona.


En definitiva, compartir la memoria de Ana, Amparo, María Jesús, Felipa, Dolores, Aurora, Blanquita, Margarita y María sirve de recordatorio y triste continuidad con todas las compañeras que, a día de hoy, se encuentran encerradas en contra de su voluntad y son torturadas por múltiples aparatos del Estado, entre ellos, la psiquiatría.


Imagen hecha por Patricia Rey Artime

“Me gustaría que el feminismo escuchase y diese voz al feminismo loco, a las mujeres locas. A las que están vivas hoy. La locura no se cura ni se rehabilita, ni se psicoeduca ni se recupera; se repara, quizá. Reparación individual, colectiva e histórica” (Patricia Rey Artime, 2020, p.85).  



Referencias

  • Chamberlin, Judit (1975). Women’s Oppression and Psychiatry Oppression. En Smith Dorothy E. & David Sarah J. Women look at psychiatry. Press Gang Publishers: Vancouver.

  • Recovery and Hope (2010). Judi Chamberlin: Her life our movement. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=FGT4xJXgmoE

  •  Rey Atime, Patricia (2020). Todas atamos, todas desatamos. En Monográfico Locura. Pikara.

  • Rey Artime, Patricia (2020). Locura. En blog Torceduras y Bifurcaciones. https://torcedurasybifurcaciones.org/locura/

  • Polo, Cándido (1999). Crónica del manicomio. Prensa, locura y sociedad. AEN

  • García, Ramón (1995). Historia de una ruptura. El ayer y el hoy de la psiquiatría española. Virus. 


31 de julio de 2021

Mujer al borde del tiempo: todavía hay muchas Connies en todas partes


Las utopías vienen del dolor, vienen de la escasez.

Escribiendo ficción lo que haces es cambiar lo que la gente puede imaginar. Si la gente no puede imaginar alternativas, solo puede pedir más de lo que ya tiene (...) si no eres capaz de imaginar una sociedad mejor, te estancas, te llenas de rabia.

Marge Piercy




Marge Piercy (1936-) es una novelista y poeta feminista estadounidense, representante del feminismo radical de la segunda ola. Woman on the Edge of Time (Mujer al borde del tiempo), publicada en 1976, fue considerada un clásico de la ciencia ficción y utopía feminista.

La novela comienza con el segundo internamiento de Consuelo Ramos (Connie) en el hospital psiquiátrico de Bellevue. A través de las primeras páginas, Marge Piercy teje la situación actual de Connie en el psiquiátrico con un relato detallado de su vida, a la vez que describe una sociedad estadounidense violenta y opresora sobre las mujeres chicanas pobres, en concreto, sobre una mujer que aspira “a ser alguien”. Pero cuanto más se rebela y lucha frente al estrecho destino que le depara la sociedad, más es castigada, y más sufre. Su triple identidad, como mujer, como chicana y como loca, la coloca en el límite del tiempo, viajando del presente al futuro, como única forma de resistencia. 

Las ataduras patriarcales como madre, hija y esposa 

Como mujer, y desde los mandatos patriarcales, se espera de Connie los roles prescritos de hija dócil, esposa sumisa y madre devota. En cuanto se sale de ellos, el poder de la razón (mediante sus instituciones y representantes) la excluye, la castiga, la etiqueta como loca y la interna.  

A través de Connie y su madre, Mariana (no son casuales las resonancias cristianas del nombre), Piercy representa las complejas y ambivalentes relaciones madre-hija. Mariana, como madre, es víctima de la familia patriarcal; pero, a su vez, su principal transmisora y reproductora. Sumisa, se dedica a servir a su marido, cuidar la casa, parir y cuidar niños. “Sufrir y servir” es un retrato fiel de esta madre que “come después que el resto de su familia” cual sirvienta. Y lo hace, sin el mayor atisbo de sentimiento de obligación, simplemente lo da por hecho, resignada. Pero además es correa implacable de transmisión de la opresión patriarcal, asume la función de preparar a su hija en la docilidad y servidumbre. 

De adolescente, Connie ve en su madre su propia imagen proyectada y se rebela ante ella y lo que representa, pero su madre responde como leal y cruel guardiana para colocarla en su lugar:

- ¡No voy a crecer como usted, Mamá! Para sufrir y servir, para nunca vivir mi propia vida. ¡No lo haré! 
- Harás lo que hacen las mujeres. Pagarás la deuda con tu familia de sangre. Y ojalá ames a tus hijos tanto como los amo yo.
- ¡Usted no quiere a las chicas igual que a los chicos! Todo es para Luis, y para mí, nada; siempre ha sido así.
- ¡No me alces la voz! Se lo diré a tu padre (…)
- Soy buena estudiante. Voy a ir a la universidad. ¡Ya verá!
- ¡Los libros te están poniendo enferma! ¿La universidad? Ni siquiera Luis puede. (…) 
- ¡La familia! ¡Estoy harta de esa palabra, Mamá! (…) Mamacita, créame, óigame, Mamá; ¡yo la amo! Pero yo voy a viajar. ¡Voy a ser alguien! 

Finalmente, Connie renuncia a sus ideales y planes adolescentes y aprende de forma práctica lo que se espera de ella: depender de un hombre y ser sumisa para sobrevivir. Se lanza al matrimonio buscando seguridad, pertenecer y ser valorada, pero termina encontrando otra fuente de opresión y humillación, esta vez como pareja o esposa. Sus relaciones heterosexuales (con un chico anglo que la abandona tras embarazarla y tener que abortar sin anestesia; con un mujeriego maltratador, etc.) no salen como espera.

Abandonada por su familia y maltratada y golpeada por su marido Eddie, Connie termina buscando cariño en un carterista ciego, robando por él. Consecuencia de todo ello, vienen una serie de desgracias concatenadas: una sentencia por cómplice, una acusación de maltrato infantil, la retirada de la custodia de su hija Angelina y su encierro en el hospital psiquiátrico. Cuanto más lucha Connie por romper su amargo destino, más parece ensañarse con ella: golpeada, humillada, no creída, sola. 

También como mujer-madre, la protagonista vivirá las consecuencias de las violencias de los mandatos de género. Su primer internamiento psiquiátrico fue consecuencia inmediata de una acusación de maltrato infantil. Connie golpeó a su hija, Angelina, tras romper la pequeña sus zapatos. En ese momento, la situación psicológica de Connie era la de una “muerta viviente”, luchando por los cuidados de su hija en situación de pobreza, desesperada por que no terminara andando descalza por la calle. Connie golpea a Angie con el propósito de disciplinar y proteger, pero el castigo resulta en lesiones inesperadas. Y, en el caso de una mujer pobre chicana, ello supone la presencia de los servicios sociales y su evaluación como madre. Finalmente, le quitan la custodia de su hija, dada en adopción.

La trabajadora social le dirigió una de esas miradas con que los humanos miran a las cucarachas. La mayoría de la gente pega a los niños. Pero cuando dependes de la asistencia social y estás con la condicional y todo el establishment  del encasillamiento social tiene el derecho de meterse de vez en cuando en tu cocina y abrir los armarios y mirar debajo de la cama y contar la cantidad de chinches y de zapatos que tienes, mejor que no se te ocurra pegar a tu hija ni una sola vez (p.40).

Tras ello, los expertos afirman, de forma contradictoria, que ha ejercido un maltrato intencional y que “no es responsable de sus acciones". Connie termina en un psiquiátrico y no en la cárcel. Otro caso más de “ellos malos, ellas locas” (sobre todo si son madres). 

Todos esos expertos sentados en línea frente a ella, un jurado vestido de blanco médico y negro judicial: trabajadores sociales, asistentes sociales, consejeros escolares, psiquiatras, médicos, enfermeras, psicólogos clínicos, oficiales de la condicional…, todas esas caras frías y astutas la habían atrapado y atado entre sus redes de jerga adornada con diminutos anzuelos punzantes que se clavaban en su carne y filtraban un lento veneno debilitador. Estaba marcada con los sangrantes estigmas de la vergüenza. Había querido cooperar, ponerse bien. A pesar de lo mal que se sentía, se tiraba en un rincón y lloraba y lloraba, aplastada por la culpa; eso también formaba parte de estar enferma: demostraba que era una enferma más que una mala persona (p.82).

“Blancos y negros” evalúan y deciden si Connie es una mala mujer-madre, por golpear a su hija y descargar su ira y tristeza al perder a su hombre; o una mujer mentalmente enferma cuyas experiencias desgraciadas, incluida la muerte de un ser querido, el comportamiento desobediente de su hija y la rabia temporalmente incontrolada, la llevan al maltrato. Finalmente, la sentencia dice que está enferma, no es malvada. Reconocer que una madre puede hacer daño a sus hijos echaría por tierra el mito de la madre sacrificada y protectora. Sus acciones traicionan la imagen de la mater amatísima: amor, consuelo, protección y tolerancia. Para proteger dicha imagen patriarcal, Connie debe estar “loca”.

El passing y la lucha no es suficiente

Piercy nos muestra las consecuencias materiales y subjetivas del racismo en la sociedad estadounidense, en la vida de una mujer pobre chicana. Consuelo cambia su nombre a Connie, “suena más a persona blanca”, como estrategia de supervivencia y, con ello, en parte disimula su origen. Su sobrina Dolly va más allá, cambia su aspecto físico para pasar por blanca y conseguir “buenos clientes” que le consigue su proxeneta blanco. Ambas interiorizan los mensajes racistas de que parecer anglo equivale a superioridad racial. Pero no importa lo que hagan, nunca serán aceptadas como blancas en una sociedad sexista y racista. 

Los años de educación de Connie hacen que se rebele con ser ciudadana de segunda, que luche por hacerse un hueco en el mundo de blancos. Pero en una sociedad racista, el color de la piel no solo distingue entre blancos y no blancos, también entre clase alta y baja, personas ricas y pobres. Como consecuencia, Connie siente la “vergüenza de ser un bien de segunda”.

Contrastan las opciones de passing y movilidad social de Connie y Dolly con las de Lewis, el hermano de Connie. Tras la guerra, Luis pasa a ser Lewis y se convierte en un hombre de negocios de éxito. Pero, para lograrlo, renuncia y rechaza su identidad y orígenes. Deja de ser el hermano protector que defiende a su hermana, su carácter se endurece y de forma implacable inscribe a Connie en un psiquiátrico para deshacerse y distanciarse de ella y lo que representa. 

Ambos comparten un sentido de lucha, de mirar hacia arriba y aspirar a ser "alguien", pero Connie no puede abrirse camino en el mundo de los blancos como lo hace Luis. Para la sociedad patriarcal y el supremacismo blanco, que una mujer mexicoamericana se atreva a cambiar su destino es un desafío demasiado profundo que merece ser castigado. 

El castigo de rebelarse como mujer chicana y pobre: el internamiento psiquiátrico

Mujer al borde del tiempo comienza con un episodio de violencia de género, donde Connie, al intentar defender a Dolly, su querida sobrina, de su “chulo”-maltratador, Geraldo, termina en un psiquiátrico. Cómplice de la sociedad patriarcal, el psiquiátrico y sus profesionales funcionan para reprimir y castigar a quienes se atrevan a desviarse de las reglas establecidas.

Nadie en el hospital psiquiátrico cree su explicación; nadie quiere conocer su versión, ni se molesta en escuchar o hablar con ella. Y ello porque ya tiene un historial, porque ya ha sido loca; y, de acuerdo con la lógica “racional-cuerda”, una loca siempre será loca. No importa lo que diga, es increíble. La cruel realidad es que, en el psiquiátrico, ya existe un contrato sexual previo. Como institución de control social, construida según el modelo familiar patriarcal (psiquiatra-padre-razón/paciente-hija-irracional), Geraldo sabe que tiene las de ganar: “Se había negociado una tregua entre los dos hombres” (p. 46); y ahora “de hombre a hombre, chulo y médico comentaban su condición” (p.30), privada del poder del discurso, de ser escuchada y creída. 

Aunque a Connie se le concede una entrevista en el hospital psiquiátrico, los médicos solo miran los formularios, no la miran a ella, “un cuerpo registrado en la morgue, carne para poner sobre la balanza” (p.30). En un ejercicio de injusticia epistémica, Connie no es creida, no se atiende su costilla rota como no se atendió su dolor de muelas:

Intentó explicarle a la enfermera que le puso la inyección, a los camilleros que le ataron a la camilla, que era inocente, que tenía una costilla rota, que Geraldo la había apaleado. Era como si hablara otro idioma. (...) Actuaban como si no pudieran oirte. Si te quejabas, lo tomaban como un signo de enfermedad. (...) Había pasado eso la última vez que había estado aquí, cuando había venido con dolor de muelas. Al final, cuando la enfermera y las auxiliares dejaron de interpretar sus quejas como parte de su “patrón de comportamiento enfermizo”, se había transformado en un absceso enorme (p.30-31). 

Aquí dicen que creer que no estás enferma es un síntoma de enfermedad (p.89). Resistencia, lo llamaban, cuando no estabas de acuerdo (p.124).

Connie recibe un trato inhumano por parte del personal, pero no puede quejarse, porque ello es tomado como síntoma. A través de sus ojos y sentimientos, Marge Piercy muestra los tratamientos crueles y violentos otorgados a los pacientes mentales en los años 70 (y todavía hoy): la autoridad absoluta de los profesionales sobre unas personas ubicadas desde “el no ser”, la desatención y el descuido de sus necesidades, la sobre medicalización, el aislamiento como castigo, el electroshock... 

¿Cuánto tiempo había permanecido atada a la cama? No distinguía el día de la noche. Se habían olvidado de ella y moriría aquí, en su propio pis (p.31-32).

El hospital mental siempre le había parecido una broma patética; aquí no se curaba nada (p. 261). 

En el psiquiátrico, todo lo que dice o hace Connie es recibido y registrado como agresión, como mala conducta de la paciente; hasta que, de repente, es valorada como sujeto potencial para un experimento neuro-eléctrico (una operación donde le “implantarían una máquina en el cerebro”) para “controlar o curar la violencia irracional” y “monitorear los resultados”. Probado ya con “cinco mil monos” (p.297), lo siguiente es con gente pobre, “especialmente gente morena y negra” (p.367). Connie presencia, impotente, cómo Alice, otra paciente, es convertida “en un juguete, una marioneta, un mono de laboratorio”. Aparte de convertir a las pacientes en máquinas obedientes, en “zombis”, para “insertarse en la sociedad” y “ser un miembro productivo” de “forma segura y sin cometer actos descontrolados” (p.350, 360-361); con la operación, los médicos varones blancos podrían "hacer historia" (p.277), ganar fama y riqueza. Sin medios para defenderse, Connie es otro conejillo de indias. “Ella sería el experimento. Violarían su cuerpo, su cerebro, su ser. Ya no podría fiarse de sus propios sentimientos. No sería ella misma. Sería su monstruo experimental. Su juguete, como Alice. Su herramienta” (p. 373). 

Para mantener los últimos restos de su identidad, tiene que luchar contra la máquina instalada en su cerebro. Finge ser la paciente modelo (sonrisa y satisfacer todas las expectativas de los médicos) para que la dejen salir a casa de su hermano el Día de Acción de Gracias. Sin posibilidad de escapar, roba algunos venenos, el poder, el poder de lograr, finalmente, enloquecer.

La locura en Mattapoisett 

La comunidad utópica de Mattapoisett es descrita por Piercy en contraste y como respuesta a los males de la sociedad donde vive Connie y que la llevan a enloquecer. Connie conecta con Luciente, abre su mente y salta a otro tiempo y espacio. Allí, todas las personas son respetadas y amadas; todas tratadas por igual, independientemente de su sexo, raza u otras diferencias. Como sociedad igualitaria, Mattapoisett acepta e incluso acoge con satisfacción precisamente la "locura" que ha marginado a Connie en el mundo actual. 

Piercy distingue entre la locura de Connie, causada por la situación de las mujeres chicanas pobres en EE UU (por condiciones sociales externas), y la locura de Jackrabbit en la sociedad futurista de Mattapoisett, causada por razones personales, como fenómeno “natural”, como resfriarse o tener fiebre, producto de “conflictos o desequilibrios internos”. En palabras de Luciente, su “cicerone” en Mattapoisett,  volverse loco es “entrar en contacto con el ser enterrado y la mente interior” (p.90); son ellos mismos quienes toman la decisión de volverse locos. El manicomio en Mattapoisett se convierte así en "lugares donde la gente se retira cuando necesita caer en su interior: desmoronarse, seguir adelante, tener visiones, escuchar voces proféticas, darse contra la pared, revivir la infancia..., entrar en contacto con el ser enterrado y la mente interior" (p.90). "Y no hay nadie que no pierda partes de sí" (p. 90). Connie explica que, en su sociedad, la locura es algo para ocultar, porque “asusta a la gente”; “aquí te meten [en el manicomio] si tu familia u otra gente no te quiere cerca” (p.90), Luciente pregunta extrañado: "¿cómo puede otra persona decidir por mí si ha llegado el momento de desintegrarme, de volver a integrar mi ser?" (p.90).

En la novela, Piercy parece proponer que Connie “no está loca, sino oprimida”, y que en una sociedad utópica donde las opresiones ya no existen, la locura se manifestaría como un conflicto o desequilibrio interno al que se accede de forma voluntaria. Queda la pregunta de si el planteamiento de Piercy sobre la locura en la sociedad de Mattapoisett es realmente utópico, si llega a cuestionar o deconstruir el conocimiento dominante de la locura en nuestra sociedad, al interpretarlo como algo “interno, personal o individual”. ¿Hasta qué punto plantea la posibilidad de una sociedad donde exista la locura sin cuerdismo? (un debate que daría para otra entrada)...

Opresiones entrelazadas y la utopía como resistencia

Connie es representada al mismo tiempo como mujer, como persona racializada y como loca, lo que ayuda a imaginar las intersecciones: qué pasaría si Connie fuera un hombre; si fuera una persona blanca; si nunca hubiera estado psiquiatrizada. Cualquier cambio en uno de estos factores habría resultado en un final diferente, todos interactúan entre sí. La tragedia de Connie no es individual, es la tragedia social de las mujeres, de las mujeres pobres racializadas, de las mujeres locas en los Estados Unidos de la década de los 70. A través de la novela, Piercy rastrea el proceso y las condiciones que llevan a Connie a volverse loca; la locura como “crisol de opresiones” (Patricia Rey), resultado inevitable del cruce cómplice entre el patriarcado, el racismo, el clasismo y el cuerdismo.

A través de la utopía de Piercy podemos imaginar una sociedad diferente, donde la locura no solo es validada y acompañada en comunidad sino, donde, además no hay cabida para las injusticias estructurales que generan sufrimiento psíquico.


Marge Piercy


20 de julio de 2021

#FreeBritney, en sus propias palabras


El 23 de junio de 2021, Britney Spears presentó su declaración ante la audiencia de la Corte Superior de Los Ángeles para solicitar la finalización de la tutela que se le impuso desde hace 13 años, sin tener que ser evaluada psicológicamente para ello. Hemos traducido su testimonio disponible en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=iVrhKBhMrEI (en este otro se puede escuchar con subtítulos https://www.youtube.com/watch?v=G50RL5cP5Qs), recordando que esta es una lucha común entre personas locas y psiquiatrizadas, muchas sin presencia mediática o sin ser personas públicas, y con la particularidad de circunstancias o dificultades añadidas que pueden rodear a cada una. Lo compartimos como una forma de denunciar la existencia de las tutelas, curatelas, interdicciones y cualquier otra medida contraria a la voluntad de las personas ..."por su propio bien".


Publicación del 18 de julio de la cuenta de Instagram de Britney Spears (https://www.instagram.com/p/CRcirTFgkEE/)

Tengo mucho que decir, así que tengan paciencia. Básicamente han pasado muchas cosas desde hace dos años. La última vez.... Voy a ser honesta con ustedes. No había vuelto a la corte en mucho tiempo porque no creo que se me haya escuchado de ningún modo la última vez. He traido cuatro hojas de papel en mi mano y he escrito extensamente sobre lo que ha pasado durante los últimos cuatro meses antes de llegar aquí. Las personas que me hicieron esto no deberían salirse con la suya tan fácilmente. Recapitularé. Estuve en la gira 2018 porque me vi obligada a hacerlo. Mi manager dijo que si no hacía la gira tendría que encontrar un abogado….


(...la interrumpen para pedirle que hable más despacio porque se está registrando todo)


… Las personas que me hicieron esto no deberían ir por ahí y poder andar tan fácilmente.


Recapitulo: estuve de gira en 2018. Me vi obligada a hacerlo. Mi manager me dijo que si no hacía esta gira tendría que buscar un abogado y, por contrato, mi propia gerencia podría demandarme si no continuaba con la gira. Me entregó una hoja de papel cuando me bajé del escenario en Las Vegas y dijo que tenía que firmarlo. Fue muy amenazante y aterrador, y teniendo la tutela ni siquiera pude conseguir mi propio abogado. Así que, por miedo, seguí adelante e hice la gira.


Cuando acabé esa gira se suponía que habría un nuevo show en Las Vegas. Pronto comencé a ensayar, pero fue difícil porque había estado haciendo ese show durante cuatro años y necesitaba un descanso entre medias. No importó, me dijeron que así era el itinerario y que el show continuaría. Ensayé de cuatro a cuatro días a la semana. La mitad del tiempo en el estudio y la otra mitad en un estudio de Westlake. Durante el ensayo, estuve básicamente dirigiendo la mayor parte del show como yo prefería y, de hecho, hice la mayor parte de la coreografía, lo que significa que yo misma les enseñé a mis bailarines mi nueva coreografía. Hago todo con mucha atención. Hay toneladas de videos conmigo en los ensayos. Yo no era buena; era genial. Dirigí una sala de 16 bailarines nuevos en los ensayos. Es gracioso escuchar la versión de la historia de mis managers. Todos dijeron que no participaba en los ensayos y que nunca acepté tomar mi medicación (que solo se toma por las mañanas, nunca en los ensayos…). Ni siquiera me veían, entonces, ¿por qué afirmaban eso?


Cuando decía que “no” a un paso de baile en los ensayos, era como si hubiera puesto una enorme bomba en alguna parte. Dije: no, no quiero hacerlo de esta manera. Después de eso, mi gerencia, mis bailarines y el asistente de las personas nuevas que se suponía iban a hacer el nuevo show entraron a una habitación, cerraron las puertas y no salieron durante al menos 45 minutos.


Señora (se dirige a la jueza): no estoy aquí para ser esclava de nadie. Puedo decir "no" a un movimiento de baile. Mi terapeuta, en ese momento el Dr. Benson, que murió, me dijo que mi manager lo llamó al instante y le dijo que no estaba cooperando, ni siguiendo las pautas y los ensayos, y también dijo que no estaba tomando mis medicamentos. Lo cual es una tontería… porque he tenido a la misma señorita todas las mañanas durante los últimos ocho años dándome el mismo medicamento, sin haber estado en ningún momento cerca de esas estúpidas personas. No tiene ningún sentido. 


Hubo un breve período en el que fueron amables conmigo y me dijeron “no quiero hacer”, y les dije que “no quiero hacer”, um ... espera, no ... Fueron amables conmigo y dijeron que si no quería hacer el nuevo show de Las Vegas, no tenía que hacerlo, porque me estaba poniendo muy nerviosa. Yo les dije que podía esperar... Era como si me hubieran dicho que podía esperar... Me estaban quitando literalmente 90 kilos de encima cuando dijeron que ya no tenía que hacer el show, porque era… estaba realmente muy duro para mi y era demasiado. No podía soportarlo más. Pero recuerdo haberle dicho a mi asistente: pero sabes lo rara que me siento si digo que “no”... siento que van a volver y van a ser malos conmigo o van castigarme o algo así.


Tres días más tarde, después de decir que “no” a Las Vegas, mi terapeuta me sentó en una habitación y me dijo que había recibido un millón de llamadas telefónicas sobre cómo yo no estaba cooperando en los ensayos y no había estado tomando mi medicación. Todo era falso. Inmediatamente, al día siguiente, me puso litio. Así, de la nada. Me sacó de mi medicación normal que había estado tomando durante cinco años, y el litio es una medicación muy, muy fuerte y completamente diferente en comparación con lo que solía tomar. Puedes sufrir un deterioro mental si tomas demasiado o si la tomas más de cinco meses, y aún así él me lo recetó. Me sentí borracha, en realidad no podía ni siquiera levantarme por mí misma. Ni siquiera podía tener una conversación con mi madre o mi padre sobre absolutamente nada. Le dije al médico que estaba asustada y entonces mandó a mi casa a seis enfermeras para controlarme con ese nuevo medicamento que, para empezar, nunca quise tomar. Había seis enfermeras en mi casa quedándose conmigo, y durante un mes no me dejaban ni subir a mi auto para ir a ninguna parte. 


Mi familia no solo no hizo ni una maldita cosa, mi padre estaba totalmente de acuerdo. Cualquier cosa que me pasara tenía que ser aprobada por mi padre, y mi padre solo actuaba como si no supiera que me dijeron que tenían que evaluarme durante las vacaciones de navidad, antes de enviarme lejos cuando mis hijos se fueron a casa en Luisiana. Él fue quien aprobó todo. Nadie de mi familia hizo nada. En el transcurso de esas dos semanas de vacaciones, una señorita vino a mi casa durante cuatro horas al día, me sentó y me pasó un test psicológico. Me tomó una eternidad, pero me dijeron que tenía que hacerlo. 


Después de eso me fui, um, espera ... Me dijeron que tenía que hacerlo… Luego de eso recibí una llamada telefónica de mi padre diciendo que después de hacer esa prueba psicológica con esta señorita, básicamente, la había fallado o lo que sea, da igual: "Um, lo siento Brittany, tienes que escuchar a tus médicos. Están planeando enviarte a una casa en Beverly Hills para hacer un pequeño programa de rehabilitación que hemos diseñado para ti. Vas a pagar 60,000 dólares al mes por esto”. Lloré durante una hora por teléfono y él disfrutó cada minuto de ello. Le encantó el control que tenía sobre alguien tan poderosa como yo, tal como le encantaba el control de lastimar a su propia hija. Lo disfrutaba al 100,000%. Hice mis maletas y fui a ese lugar.


Trabajé siete días a la semana sin días libres. En California lo único similar a esto se llama “tráfico sexual”. Hacer que cualquiera trabaje en contra de su voluntad. Retirar todas sus pertenencias, tarjeta de crédito, efectivo, teléfono, pasaporte, y colocar a la persona en una casa donde trabajará con las personas que viven con ella. Todos vivían en la casa conmigo: las enfermeras, la gente de seguridad... las 24 horas del día los 7 días de la semana; había un chef que venía y cocinaba para mí todos los días. Todos los días de la semana veían cómo me cambiaba de ropa, desnuda, mañana, mediodía y noche. Uhm, mi cuerpo... No tenía puerta de privacidad en mi habitación. Les di ocho muestras de sangre a la semana. 


Si no realizaba ninguna de mis reuniones y trabajaba de ocho a seis de la noche, que son diez horas al día, siete días a la semana, sin días libres, no podía ni ver a mis hijos ni a mi novio. Nunca tuve voz en mi horario, siempre me dijeron que tenía que hacer esto. Y, Señora (se refiere a la jueza), le diré: sentarse en una silla diez horas al día los siete días de la semana... no es divertido, y especialmente cuando no puedes salir por la puerta principal, y por eso le vuelvo a decir todo esto dos años después. Después de mentir y de decirle al mundo entero: “Estoy bien y estoy feliz”. Es mentira. Pensé que tal vez si decía eso lo suficiente, tal vez me haría feliz, porque he estado en negación. He vivido en estado de shock. Estoy traumatizada. Ya saben lo que dicen: finge hasta que lo logres. Pero ahora digo la verdad ¿ok? No estoy feliz. No puedo dormir. Estoy muy enojada que es una locura. Y estoy deprimida. 


Lloro todos los días y la razón por la que les digo todo esto es porque no me creo que el estado de California pueda tener toda esta información escrita en los documentos de la corte desde el momento en que me presenté, y no haber hecho absolutamente nada más que contratar con mi dinero a otra persona para mantener a mi padre en el control. 


Señora (se refiere a la jueza), mi padre y cualquier otra persona involucrada en esta tutela, y a mi manager, quien jugó un papel muy importante en castigarme cuando dije que "no", deberían estar en la cárcel. Son tácticas crueles que funcionan para Miley Cyrus mientras fuma porros en el escenario de los VMA. Nunca se le ha hecho nada a esta generación por hacer cosas incorrectas. Pero mi precioso cuerpo, que ha trabajado para mi padre durante los últimos 13 malditos años, tratando siempre de ser tan bueno y bonito. Tan perfecto, mientras él me explota intensamente, cuando yo hago todo lo que me dicen... Y me dice el estado de California que se permite que mi padre, mi ignorante padre (quien solo tiene un rol conmigo si trabajo con él) se aproveche de su propia hija... hicieron retroceder todo el proceso ¿y le permiten hacerme esto? Eso le da a esta gente para la que he trabajado demasiado control.


También me amenazaron y me dijeron que, si no iba, entonces tendría que ir a la corte y que sería más vergonzoso para mí que el juez hiciera públicas las evidencias que tenían en mi contra. “Tienes que ir”, me aconsejaron, por mi imagen, que tenía que seguir adelante y simplemente ir y terminar con esto, me dijeron eso. Ni siquiera bebo alcohol. Debería beber alcohol teniendo en cuenta lo que le han hecho a mi corazón. 


Además, en los servicios de Birdges a los que me enviaron, ninguno de los niños... Estuve haciendo este programa durante cuatro meses. Es decir que los últimos dos meses estuve en los servicios de Bridges. Ninguno de los chicos hicieron el programa. Nunca estaban ahí para ellos. No tenías que hacer nada si no querías, pero ¿cómo es que siempre me hicieron ir ahí? ¿cómo es que siempre recibía las amenazas de mi padre y de cualquiera que participara en esta tutela? Si no hago esto, lo que me dicen para esclavizarme, me castigarán.


La última vez que hablé con usted sobre mantener esta tutela y sobre mantener a mi papá dentro, me hizo sentir como si estuviera muerta. Como si no importara. Como si no me hubieran hecho nada. Como si pensara que le estaba mintiendo o algo así. Se lo vuelvo a decir porque no miento. Quiero sentirme escuchada y se lo digo de nuevo para que, quizá, pueda comprender la profundidad, el grado y el daño que me hicieron en ese entonces. Quiero cambios y quiero cambios en el futuro. Merezco cambios. Se me ha dicho que tengo que sentarme y ser evaluada nuevamente si quiero terminar con la tutela.


Señora (se refiere a la jueza), no sabía que podía solicitar el fin de la tutela, lamento mi ignorancia, pero honestamente no lo sabía. Aunque, honestamente, no creo que le deba a nadie el ser evaluada. He hecho más que suficiente. No siento ni siquiera que deba estar en una habitación con alguien que me ofenda tratando de cuestionar mi capacidad de inteligencia, si necesito tener esta estúpida tutela o no. Ya he hecho suficiente. No le debo nada a esta gente.


Soy yo particularmente la que ha dado techo y alimentación a toneladas de gente de gira en carretera. Es vergonzoso y desmoralizador lo que he pasado y esa es la principal razón por la que nunca lo he dicho abiertamente. Y principalmente no quería decirlo abiertamente porque, honestamente, no pensaba que nadie me fuera a creer. Para serle sincera, la historia de Paris Hilton sobre lo que le hicieron en esa escuela... No creí nada de ello, lo siento, soy una subcontratista, y seré sincera, no lo creí. Y tal vez me equivoqué y por eso no quería decirle nada de esto a nadie en público, porque pensé que la gente se burlaría de mí o se reiría de mí y diría: “está mintiendo, lo tiene todo, es Britney Spears”. 


No miento, solo quiero recuperar mi vida, han pasado 13 años y ya es suficiente. Ha pasado mucho tiempo desde que he sido dueña de mi dinero, y deseo y sueño que todo esto termine sin ser evaluada. Repito: no tiene ningún sentido que el estado de California tome asiento y, literalmente, observe con sus propios ojos cómo tanta gente se ha ganado la vida conmigo y cómo pagué a tanta gente camiones y autobuses de gira conmigo y que me digan que no soy lo suficientemente buena. Soy muy genial en lo que hago. Y permite que esta gente controle lo que hago, Señora (se refiere a la jueza), ya es suficiente. No tiene ningún sentido.


A partir de ahora, y en el futuro, no estaré dispuesta a conocer o ver a nadie que… ya me he encontrado con suficientes personas que van en contra de mi voluntad. Se acabó. Todo lo que quiero es manejar mi propio dinero para que esto termine, y que mi novio me lleve en su maldito coche. Y honestamente, me gustaría demandar a mi familia, si soy totalmente honesta con usted. 


Mm, también me gustaría poder compartir mi historia con el mundo, compartir lo que me hicieron, en lugar de que sea un secreto que beneficia a todos. Quiero poder ser escuchada sobre lo que me hicieron al obligarme a mantener esto durante tanto tiempo. No es bueno para mi corazón. He estado tan enojada y lloro todos los días. Me dicen que no puedo exponer a las personas que me hicieron esto. Por mi cordura, necesito que el juez me permita hacerlo. Hacer una entrevista donde pueda ser escuchada sobre lo que me hicieron. Y, de hecho, tengo derecho a usar mi voz y a defenderme. 


Mi abogado dice que no puedo, que no está bien, que no puedo dejar que el público sepa nada de lo que me hicieron, pero el no decir nada es decir que está bien... (no sé lo que dije aquí ... no está bien)… De hecho… no quiero una entrevista. Preferiría hacer una convocatoria abierta para que la prensa escuchae (lo cual no sabía que íbamos a hacer hoy, así que gracias). En lugar de tener una entrevista, honestamente, necesito esto para liberar mi corazón, el enojo y todo lo que ha estado sucediendo. No es justo decir mentiras sobre mí abiertamente. Incluso mi familia da entrevistas a quienes quieren, en las noticias… mi propia familia da entrevistas y habla de la situación y me hace sentir tan estúpida, y no puedo decir ni una cosa y mi propia gente dice que no puedo decir nada. Han pasado dos años. Quiero una llamada grabada para ustedes, de hecho, eso estamos haciendo ahora (no sabía que estábamos haciendo eso). 


Uhm, al público le digo: sepan lo que me hicieron. Sé que mi abogado Sam ha tenido mucho miedo de que yo siga adelante porque dice que si hablo de que he estado trabajando en exceso en ese lugar donde fui a la rehabilitación... ese lugar de rehabilitación me demandará. Me dijo que debería guardarme todo esto. De verdad, personalmente, me gustaría ... de hecho, sé que he creado una relación personal con Sam, mi abogado. He estado hablando con él como tres veces a la semana, ahora hemos construido una relación, pero realmente no he tenido la oportunidad de elegir mi propio abogado por mí misma y me gustaría poder hacer eso. Me gustaría también…. La razón principal por la que estoy aquí es porque quiero terminar con esta tutela sin tener que ser examinada.


He investigado mucho, Señora (se refiere a la jueza), y hay muchos jueces que ponen fin a la tutela de personas sin que tengan que ser evaluadas todo el tiempo. Las únicas veces que lo hacen es si algún miembro preocupado de la familia dice que algo anda mal con esa persona, y considerando que mi familia ha vivido de mi tutela durante 13 años, no me sorprendería que alguno de ellos tenga algo que decir en algún momento, o que consideren que esto no debe terminar, o que digan “tenemos que ayudarla”, especialmente si me toca a mi exponer todo lo que me hicieron. 


También quiero hablarles de mis obligaciones hasta el momento: personalmente no creo que ahora mismo le deba nada a nadie. Tengo tres reuniones a la semana a las que tengo que asistir pase lo que pase. Simplemente no me gusta sentirme como si trabajara para las personas a las que pago. No me gusta que me digan que tengo que asistir pase lo que pase, incluso si estoy enferma. Jodi, la tutora, dice que tengo que ver a mi entrenador, Ken, incluso cuando estoy enferma. Me gustaría tener una reunión a la semana con el terapeuta. Nunca antes, incluso antes de que me enviaran a ese lugar había tenido dos sesiones de terapia. Tuve un médico y también una persona que hace terapia. 


Um, lo que me he visto obligada hacer en mi vida es ilegal, no debería obligarme a tener que estar disponible tres veces a la semana para estas personas que no conozco. Estoy hablando con usted hoy porque siento de nuevo que sí, incluso Jodi, está empezando a llevar las cosas demasiado lejos conmigo. Me hacen ir a terapia dos veces por semana y a ver a un psiquiatra. Nunca lo había hecho antes. Me tenían yendo, sí, dos veces a la semana y al Doctor Gold... eso es tres veces a la semana… Nunca antes había tenido que ver a un terapeuta más de una vez a la semana. Me cuesta demasiado ir con este hombre que no conozco. 


Número uno: le tengo miedo a la gente, no confío en las personas, por todo lo que he pasado. 


Y la brillante idea de ir a Westlake (a uno de los lugares más expuestos de Westlake) donde hoy… ayer… los paparazzi me captaron saliendo literalmente llorando de la terapia. Es vergonzoso y desmoralizador. Merezco privacidad cuando voy a terapia. Aun si tengo terapia en mi casa, como lo he hecho durante ocho años, siempre han venido a mi casa…; o como con el doctor Benson, el hombre que murió, uhm, fui a un lugar similar al que fui en Westlake, que estaba muy expuesto y realmente mal.


Ok, espera, ¿dónde estaba? … Sí, era como ... Era idéntico al Dr. Benson que murió, el que ilegalmente, sí, 100% abusó de mí con el tratamiento que me dio y para ser totalmente honesta con usted estaba tan asustada ... 


(la interrumpen para pedirle que hable más despacio)


… Lo he superado, pero las manipulaciones en Westlake son idénticas a las del Dr. Benson, el que murió, el que ilegalmente, sí, 100% abusó de mí con el tratamiento que me dio y, para ser totalmente honesta con usted, cuando falleció me arrodillé y di gracias a Dios. En otras palabras, mi equipo me está presionando para esto otra vez. He desarrollado fobias a estar en habitaciones pequeñas por el trauma de estar encerrada durante cuatro meses en ese lugar. No está bien que me envíen ahí... (Ok lo siento estoy yendo muy rápido) … Que me envíen a esa pequeña habitación dos veces por semana con un nuevo terapeuta al que yo pago y al que ni siquiera aprobé. No me gusta. No quiero hacerlo. Y no he hecho nada malo para merecer este trato/tratamiento. No está bien obligarme a hacer algo que no quiero hacer. Por ley, Jodi y este supuesto “equipo” deberían… Honestamente, yo debería poder demandarlos por amenazarme y decir que si no voy a esas reuniones dos veces por semana “no podemos dejar que tengas tu dinero e ir a Maui en tus vacaciones, tienes que hacer lo que te dicen en este programa y luego podrás ir”. Pero fue muy inteligente de su parte que tomaran uno de los lugares más expuestos en Westlake, sabiendo que estoy con el “candente” tema de la tutela, y sabiendo que más de cinco paparazzis iban a aparecer y que me harían llorar al salir de ese lugar. Yo les rogué que se aseguraran de que haríamos la reunión en mi casa para que yo tuviera privacidad, merezco privacidad.


Toda la tutela desde el principio, una vez, ehm ... La tutela desde el principio ... Una vez que miras a alguien con una tutela, quien sea que tenga una tutela, ganando su propio dinero, como yo mi dinero, y haciendo toda esta declaración… Ahí mismo debería terminar la tutela. Yo no debería estar bajo tutela si puedo trabajar y generar dinero y trabajar para mí y pagar a otras personas. No tiene sentido, las leyes necesitan cambiar. ¿Qué Estado permite que algunas personas sean dueñas del dinero y de la cuenta de otra persona, que la amenacen diciéndole que no puede gastar su dinero a menos que haga lo que ellas quieren que haga? 


Y les estoy pagando, Señora (se refiere a la jueza), trabajo desde los 17 años. Tiene que entender lo dificil que es para mí levantarme cada mañana sabiendo que no puedo ir a ningún lado a menos que me reúna con gente que no conozco, cada semana, en una oficina idéntica a aquella en la que el terapeuta fue tan maltratador conmigo. Realmente creo que esta tutela es abusiva y aunque podríamos sentarnos aquí todo el día y decir "Oh, las tutelas están aquí para ayudar a la gente", Señora (se refiere a la jueza), hay miles de tutelas que son igualmente abusivas. No siento que pueda vivir una vida plena así. No debo, no les debo el tener que ir a ver a un hombre que no conozco y compartir con él mis problemas. Ni siquiera creo en la terapia, siempre creo en encomendarse a Dios. 


Quiero terminar con la tutela sin ser evaluada. Mientras tanto, quiero que este terapeuta, um, una vez a la semana pueda venir a mi casa... Um, no, solo quiero que venga a mi casa. No estoy dispuesta a ir a West Lake y sentirme avergonzada por todos esos paparazzi… esos paparazzis asquerosos que se ríen de mi cara mientras lloro al salir y me toman fotos en donde está toda esa gente en cenas elegantes bebiendo vino en restaurantes y lugares así. Me tendieron una trampa enviándome a los lugares más expuestos, y yo les dije que no quería ir allí porque sabía que los paparazzi aparecerían. 


Solo me dieron dos opciones de terapeuta; y no estoy segura de cómo usted toma sus decisiones, Señora (se refiere a la jueza), pero esta es la única oportunidad que tengo para hablar con usted por un rato. Necesito su ayuda, así que, si puede dígame lo que pasa por su cabeza… Honestamente no sé qué decir, pero mi única petición es poner fin a la tutela sin ser evaluada. Básicamente quiero presentar una petición para terminar con la tutela, pero no quiero ser evaluada y estar sentada en una habitación con gente cuatro horas al día, como lo hicieron antes, para que después de eso todo fuera peor para mi. Así que yo solo ... Soy sinceramente nueva en esto y estoy investigando todas estas cosas, conozco el sentido común y sé cómo las personas pueden terminar con estas cosas sin ser evaluadas, así que solo le pido tome eso en consideración.


También he investigado ... espere ... también me tomé un año durante el COVID para conseguir algún método de cuidado personal. Ella dijo que no había servicios disponibles. Está mintiendo, Señora (se refiere a la jueza). Mi mamá fue al spa dos veces en Luisiana durante el COVID. Y durante un año yo no me hice ni las uñas, ni me peiné, ni masajes, ni acupuntura, nada durante un año. Veía a las empleadas en mi casa cada semana con las uñas hechas  cada vez de manera diferente. Me hizo sentir tal como mi padre me hace sentir, como si tuvieran un comportamiento muy similar, pero con una dinámica diferente. 


El equipo quiere que trabaje y que me quede en casa en lugar de tener vacaciones más largas. Están acostumbrados a que haga una rutina semanal para ellos, y estoy harta. En este punto no siento que les deba nada. Necesitan que se les recuerde que, en realidad, ellos trabajan para mí. 


Me engañaron enviándome a (ah está bien, me estoy repitiendo) ... está bien, eh .... También se suponía que yo podía hacer, umm, tengo un/a amigo/a con quien solía hacer reuniones de AA (alcohólicos anónimos). Hice AA durante dos años. Hacía tres reuniones a la semana, conocí a un montón de mujeres allí y ahora no puedo ver a mis amigas que viven a ocho minutos de mi casa, lo cual me resulta sumamente extraño. Siento que... me hacen sentir como si viviera en un programa de rehabilitación. Esta es mi casa. Me gustaría que mi novio pudiera llevarme en su coche. Y quiero reunirme con un terapeuta una vez a la semana, no dos veces a la semana, y quiero que venga a mi casa, porque… de hecho, yo sé que sí necesito un poco de terapia (se ríe) … um, me dijeron, um, espera….


Creo que eso es... Oh, y que me gustaría avanzar progresivamente y que quiero llegar a un trato real, quiero poder casarme y tener un bebé. Teniendo la tutela me dijeron que no puedo casarme ni tener un bebé. Ahora mismo tengo un DIU dentro de mí, así que no puedo quedarme embarazada. Quiero quitarme el DIU para intentar tener otro bebé, pero mi supuesto “equipo” no me deja ir al médico a quitármelo porque no quieren que tenga hijos, más hijos. Así que básicamente, esta tutela me está haciendo más daño que bien. Quiero, merezco tener una vida. He trabajado toda mi vida, merezco tener un descanso de dos o tres años y simplemente hacer lo que yo quiera hacer, pero siento que aquí ha crujido algo. 


Y me siento abierta, me siento bien hablando con usted hoy sobre ello, pero me gustaría poder quedarme con usted en el teléfono para siempre, porque cuando colgamos de repente todo lo que escucho son todos estos “no”: no, no, no. Y entonces, de pronto, me siento atrapada y me siento intimidada y me siento excluida y sola, y estoy cansada de sentirme sola. Merezco tener los mismos derechos que cualquiera a tener un hijo, una familia, cualquiera de esas cosas, y más. Y eso es todo lo que quería decirle y muchas gracias por dejarme hablar con usted hoy.



(You Drive Me) Crazy (1999)