11 de diciembre de 2022

"No es suficiente sacar nuestras identidades del DSM porque la identidad de alguien más seguirá ahí": Ambrose Kirby

 



Precariedad trans/resistencia trans: Entrevista Shaindl Diamond y Ambrose Kirby 



Diamond, Shaindl and Kirby, Ambrose (2014). Trans Jeopardy / Trans Resistance: Shaindl Diamond (SD) Interviews Ambrose Kirby (AK). En Bonnie Burstow, Brenda Lefrançois y Shaindl Diamond (eds.), Psychiatry Disrupted. Theorizing Resistance and Crafting the (R)evolution (pp. 163-176). McGill-Queen’s University Press. 


Fragmentos seleccionados y traducción de Lokapedia


Entrevista que tuvo lugar entre Shaindl Diamond y Ambrose Kirby en Toronto, Ontario, en septiembre de 2012. Ambxs están involucrados localmente en la organización de la resistencia a la psiquiatría.

SD: ¿Puedes contarme sobre tu experiencia como persona trans en relación con la psiquiatría y los tipos de problemas que has visto en el sistema psiquiátrico para personas trans?

AK: Lo que veo dentro de las comunidades trans es un verdadero esfuerzo por sacar nuestras identidades del DSM, fuera de un marco patologizante. Ha habido una disposición cada vez mayor por parte de los centros de salud y los proveedores de salud individuales en todo Canadá para reconocer la identidad trans como regular, normal, no patológica. Sin embargo, mientras nuestras identidades se normalizan, nuestra resistencia a la transfobia se separa cada vez más de nuestras identidades y se patologiza. En lugar de ser personas trans que sobreviven creativamente a la transfobia, somos personas trans con trastornos de ansiedad, trastornos de ira, [trastorno] bipolar, esquizofrenia. Nuestras identidades básicas se consideran cada vez menos una "enfermedad mental", pero nuestras estrategias para sobrevivir se están sacando de contexto y se están individualizando como "enfermedades mentales". Para mí, ese es el gran cambio que veo que está ocurriendo.

En los últimos dos años, he estado trabajando en el Sherbourne Health Center como coordinador de programas trans, trabajando con jóvenes y adultos trans que están considerando la transición o están en proceso de transición. (…)

Lo que más se me ha quedado grabado es el grado en que las personas quedan atrapadas en el sistema psiquiátrico. Para la mayoría de las personas trans en Ontario, la única forma de acceder a la transición es pasar por un largo proceso en el Centro para la Adicción y la Salud Mental (CAMH): muchas se ven obligadas a viajar o mudarse para poder obtener una etiqueta psiquiátrica que les permitirá el acceso a la atención básica de la salud. Si hay servicios donde viven, la mayoría también tendrán que ser evaluadas por un psiquiatra y obtener una etiqueta. Y pase lo que pase, si desean acceder a cirugías financiadas por el gobierno, deben pasar por un CAMH. Además de eso, un alarmante número de adultos y jóvenes tienen etiquetas psiquiátricas adicionales como depresión, ansiedad, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo y adicción.

Cada vez más, también, encuentro que las personas, particularmente los jóvenes, están buscando una etiqueta psiquiátrica. Hay todo un proceso perverso aquí. Por un lado está el deseo de ser validado por la lucha por la que estás pasando; por otro, hay batallas económicas que a veces son insuperables. Muchas personas trans luchan al borde de la pobreza. Algunxs se dedican al trabajo sexual de forma voluntaria o involuntaria, y cada vez más personas solicitan el Plan de Apoyo a la Discapacidad de Ontario (ODSP). La forma de acceder al apoyo del ODSP para muchas personas trans es aceptar “tengo una enfermedad mental” más allá de las cuestiones de género. ODSP es una opción más viable para los jóvenes y especialmente para las personas mayores que enfrentan enormes barreras financieras. El trabajo sexual se puede convertir en una opción viable para las personas trans. Es un buen dinero, no tienes que tener una identificación adecuada, puedes afirmar quién eres y ser respetado en tu identidad de género elegida. Sin embargo, también está plagado de todo tipo de peligros, criminalización, acoso y aislamiento. Entonces, cuando no puedes conseguir trabajo debido a la transfobia o un historial laboral de género, esas dos opciones pueden parecer las únicas viables para las personas. Está la parte de la legitimidad y la parte económica.

Recientemente, en la Conferencia Rainbow Health Ontario (rho) en Ottawa, la psicóloga y psiquiatra que dirige la clínica de género para adultos en CAMH, hizo una presentación sobre lo que ellos llaman un nuevo enfoque de los Estándares de atención recientemente relanzados para personas trans. Dieron ejemplos de cuándo bloquearían la transición de alguien (no lo llamaron "bloqueo", pero eso es lo que es) y uno de los ejemplos fue: alguien que se había enfrentado a la ansiedad y realmente luchó por salir de su casa, pero consiguió que un miembro de la familia hiciera la mayoría de las cosas que necesitaba hacer fuera de la casa, para que no tuviera que salir. Este es un ejemplo de alguien a quien tratarían de bloquear para que no hiciera la transición hasta que tuviera bajo control su llamada “ansiedad”. Otro ejemplo que escuché fue el de alguien que tiene tendencias suicidas, realmente quiere desesperadamente hacer la transición pero no puede porque depende del CAMH, y el CAMH dice: "Hasta que tengas un año en el que no hayas intentado suicidarte, no consideraremos permitirte tener una cirugía”. Las implicaciones de esto son asombrosas.

SD: Entonces es como si trataran la identidad de género como algo totalmente separado de todos estos otros tipos de luchas que tiene la gente.

AK: Sí. Exactamente. Como si no estuvieras ansioso por salir de casa porque eres trans. Es solo una cosa que tienes. Es una “enfermedad mental” que te golpeó inexplicablemente. No estoy muy seguro de por qué.

A una persona que conozco le dijeron que tenía un llamado "problema psiquiátrico" y recientemente, después de años de tomar litio, le dijo a su psiquiatra que era trans. El psiquiatra dijo: "Oh, está bien, déjame volver a ver cuál es tu diagnóstico". Como si de repente no tuviera una "enfermedad mental", ¿sabes?

SD: ¿Quieres decir que todas esas otras cosas se borraron a favor del trastorno de identidad de género en los ojos de ese psiquiatra?

AK: Sí, cualquier cosa puede ser cualquier cosa, si el psiquiatra lo dice. 

(...)

Sin duda, algunos cambios han ocurrido como resultado de la presión de la comunidad. Pero el punto es que a la gente todavía se le indica que pase por los aros de los psiquiatras para tener acceso a la transición médica. Y está claro que la psiquiatría se aferra al derecho de clasificar y determinar el mejor curso de acción para nosotrxs. Hay movimiento fuera del CAMH, dentro de los círculos médicos y de atención médica, para cambiar más hacia un modelo de "consentimiento informado". Esto significaría que lxs adultxs, mayores de dieciocho años, que están tomando decisiones sobre su vida y su cuerpo, siempre que estén informados de manera exhaustiva sobre los riesgos y las consecuencias de asistir a la transición, tienen derecho a elegir. Quiero decir, es muy básico, pero para las clínicas de género y la psiquiatría, el modelo de consentimiento informado no tiene sentido. Están contentos de mantenerse como guardianes.

Los efectos de la transfobia en la vida de las personas trans y, por supuesto, todas las demás experiencias violentas derivadas de estructuras de poder como la raza, la clase y la capacidad son muy profundas. Quiero decir, las personas trans se encuentran entre los grupos más pobres. La pobreza está por las nubes. Las personas no pueden conseguir vivienda ni trabajos seguros y bien remunerados a pesar de ser una población altamente educada. Debido a los efectos de todo eso, las personas necesitan acudir a algún lugar en busca de apoyo y debido a este discurso desenfrenado de la salud mental y la enfermedad mental, el único lugar al que acudir, en gran parte, es la psiquiatría o las personas que trabajan desde lo más profundo de un modelo psiquiátrico.

Así que la gente sigue recurriendo al CAMH para la transición. (…) Al mismo tiempo, la mayoría de las personas que son críticas con el CAMH por la forma en que manejan la transición médica todavía están muy comprometidas con la idea errónea de que existe algo así como una enfermedad mental. Las personas que, por lo demás, son bastante progresistas, en términos de defender sus cuerpos y su derecho de acceso y su derecho a no tener que ir al CAMH, y su derecho a no ser vistos como enfermos mentales simplemente porque son trans, todavía están comprometidas con la idea de que la enfermedad mental existe, simplemente no en mí o simplemente no porque sea trans, sino porque mi mamá la tuvo o porque es genética o es en mi familia o porque yo soy así. La gente está realmente preocupada por no tener que ser etiquetada como enferma mental por ser trans. Sin embargo, todavía está comprometida con la posibilidad de que puedas ser trans y tener una enfermedad mental.

(…)

SD: Hablaste sobre las personas adultas y esta idea de que pueden tomar decisiones importantes sobre la transición y los cambios que quieren experimentar médicamente. ¿Tienes alguna idea sobre las infancias? ¿Cómo encajan las infancias en esa imagen?

AK: Creo que las infancias no son lo suficientemente respetadas. Las infancias saben exactamente lo que necesitan. Con eso no quiero decir que sepan si son trans o no, pero saben que “usar esta camiseta me hace sentir mal” o “me emociona jugar con este juguete”. Todo lo que tenemos que hacer es seguir su dirección sobre lo que les da poder. Lxs peques son tan reveladores. Se puede ver en un instante si algo funciona o no para ellxs. Creo que solo tenemos que seguir esa guía y no tomar decisiones. No necesitamos saber si son diferentes, trans, homosexuales, o lo que sea. Lxs niñxs lo dirán cuando estén listxs. Seguramente en la pubertad o la adolescencia, lxs jóvenes realmente comienzan a ser capaces de articular más y más quiénes son y tomar algunas decisiones con apoyo. El apoyo es clave, el apoyo para que las familias puedan tolerar que sus hijxs puedan saber algo que posiblemente no puedan comenzar a entender. Creo que, más que nada, se debe proteger a lxs niñxs para que no sean diagnosticadxs.(…)

Y luego hay mucha negligencia. Muchxs de los jóvenes con los que trabajo tienen historias tan intensas de trauma y violencia, abuso sexual, abandono, pobreza extrema, familias que no brindan ni alimentos ni cuidados. Algunxs niñxs son expulsadxs o les dicen que son malxs porque son diferentes o son humilladxs rutinariamente por maestros y estudiantes en la escuela porque son diferentes. El trauma de no encajar y la violencia que viene con eso, esto es lo que le está pasando a la juventud. Su dificultad social está siendo etiquetada, su enfado está siendo etiquetado, sus cortes y autolesiones están siendo etiquetados, su ira extrema cuando son empujadxs está siendo etiquetada.

Sin embargo, nadie quiere hablar sobre el abuso que sufren lxs niñxs, la completa pérdida de poder que enfrentan y la incredulidad que puede ser tan dañina.

SD: ¿Crees que podemos crear servicios que satisfagan las necesidades de las personas trans dentro de las instituciones psiquiátricas?

AK: Mientras nosotrxs, como personas trans o personas de género diferente, sigamos suscribiéndonos al modelo psiquiátrico en cualquier aspecto, nos ponemos en riesgo, y ponemos a otras personas en riesgo. No es suficiente sacar nuestras identidades del DSM, porque la identidad de alguien más seguirá ahí. En ninguna parte del DSM pone "síndrome de ira de los jóvenes negros", pero también podría estar. Hay un número desproporcionado de jóvenes negros diagnosticadxs con esquizofrenia. Es posible que pronto no diga "trastorno de identidad de género" sino "trastornos de ira", "trastorno de oposición desafiante", "trastorno de ansiedad". También podrían llamar a esos "trastornos de la gente que ha sido oprimida”. Y eso nos incluye como personas trans. Por lo tanto, no basta con sacar nuestras identidades del DSM y no es suficiente tener este modelo psiquiátrico al que nos ajustamos. Es un modelo del que debemos deshacernos, y debemos deshacernos de él precisamente porque, en el corazón de ese modelo, está esta idea de enfermedad mental -enfermedad mental que no puedes encontrar en el cerebro si haces una autopsia.

(…)

Toda esta estructura es tan obviamente defectuosa que si simplemente salimos del DSM o del CAMH y vamos a los psicólogos/psiquiatras en el Sherbourne Health Center o Hincks-Dellcrest para obtener apoyo y aprobación, seguiremos siendo patologizadxs. Lo que haremos es convertirnos en cómplices de borrar el contexto de nuestra propia lucha y la de otros pueblos por la autodeterminación. (…)

Mientras estamos hablando de salud mental, no estamos hablando de solidaridad, apoyo, desarrollo comunitario, acceso. De eso es de lo que estamos hablando en realidad. Por lo tanto, las personas que se establecen a sí mismas como guardianas o insisten en que las personas que son de género diferente deben ir a las clínicas para obtener apoyo, se están perdiendo una gran parte del rompecabezas, que es lo social, lo societario: una cuestión política que impide que las personas adultas y niñxs sean quienes son.

Los discursos en torno a la discapacidad son realmente sorprendentes para identificar cuál es el verdadero problema: las barreras que presenta una sociedad que se niega a reconocer que a través del poder borramos a las personas y les impedimos acceder a la sociedad. (…)

SD: ¿Cuál es su visión de cómo le gustaría que la comunidad trans avanzara en términos de activismo e iniciativas?

AK: Veo muchas direcciones posibles. Este año, el título de la conferencia de la Canadian Professional Association for Trans Health (CPATH) es “Más allá de la patología”. Hay conciencia de que necesitamos sacar a las personas trans de este modelo patologizado e integrarlas de una manera más significativa en todos los aspectos de la vida, y no solo incluirlas como un complemento al conocimiento profesional sobre atención médica, educación o prisión. Y me gusta ese cambio. Me gusta porque la Encuesta Trans Pulse que encuestó a unas 500 personas trans que viven en Ontario arrojó el resultado de que casi el 75% de las personas trans habían intentado suicidarse o lo habían considerado activamente. ¡Setenta y cinco por ciento! Y esos son los que todavía están vivos, no importa toda la gente que se ha suicidado. 

La otra cosa que encontraron es que el riesgo de suicidio es más alto en el momento en que alguien ha decidido hacer la transición y se le bloquea la transición. Eso significa lista de espera de un año en el CAMH para obtener una primer entrevista, eso significa que te interroguen sobre tus preferencias sexuales, eso significa que los guardianes te digan cuánto tiempo tienes para demostrarles que has estado "estable" antes de poder acceder a las hormonas o a la cirugía, eso significa no poder cruzar la ciudad para ir a tu médico de familia para obtener información y acceso, no importan todos los otros obstáculos para cambiar tu nombre. ¿Y cómo solicitas un trabajo cuando todo su historial laboral tiene género o no puedes obtener referencias del pasado? Hay tantas trabas, justo ahí cuando las personas están en el punto de querer correr el riesgo de ser realmente ellas mismas. Creo que ahí es donde veo que ocurre el activismo; en esa zona; crear un 'acceso de consentimiento informado' más rápido a la transición y más allá: acceso a la educación, el trabajo, la vivienda, todo ese tipo de cosas básicas. (…)

Veo pequeñas piezas sobre despatologizar a las personas trans, pero también despatologizar nuestra resistencia a la transfobia. Esa es la clave y eso va a suceder de muchas maneras diferentes, a través del arte y la cultura, a través de la política y a través de la educación y la salud, todo el trabajo, la vivienda, el cobijo. La gente está haciendo cosas increíbles de diferentes maneras.

SD: ¿Ves gente en la comunidad trans trabajando en iniciativas de antipsiquiatría o sobrevivientes de la psiquiatría? ¿Ves cruce, o áreas donde podría haber cruce y no lo hay?

AK: Bueno, en términos de organización de sobrevivientes de la psiquiatría, un cruce que veo es en torno al acceso a servicios de atención médica de apoyo, no a los que patologizan. Las personas trans necesitan acceso a procedimientos médicos, hormonas médicas, cirugía y, a menudo, quieren tener servicios de asesoramiento de apoyo, no porque haya algo intrínsecamente mal en nosotrxs y necesitemos solucionarlo en el asesoramiento, sino porque enfrentamos mucha opresión. Ya sabes, hay tanto estigma y vergüenza. Somos comunidades que son rechazadas por la sociedad por regla general. Si vives otras realidades, si te asignan “varón” al nacer y usas un vestido; esto equivale en nuestra sociedad a ser inaceptable: “algo te pasa”. La mayor benevolencia que podemos esperar es “No es culpa tuya que seas así o que te haya pasado esto”. Entonces, en términos de resistir esa patologización individual, hay mucha superposición entre ser trans y ser un sobreviviente psiquiátrico.

En términos de organización antipsiquiátrica, no puedo pensar en una comunidad más adecuada para participar que la comunidad trans -excepto por la fatiga en términos de tener que luchar día tras día para caminar por la calle, hablar por teléfono, tener un trabajo, sentarse en la escuela, estar en público. Además del factor fatiga, trabajar para abolir la psiquiatría y las prisiones haría maravillas para las personas trans. Eliminaría dos opciones por las cuales somos rutinariamente descartadxs y desacreditadxs. Y obligaría a las personas a tener que lidiar con nuestra diferencia y el hecho de que las personas trans no tienen suficientes viviendas, están drogadas en exceso, son demasiado visibles pero invisibles y son marginales. Así que veo mucho potencial para alianzas y acciones combinadas entre todas esas comunidades.

SD: ¿Ves alguna barrera? Sé que hablaste de lo agotador que es experimentar la opresión de muchas maneras diferentes, a diario. Eso realmente puede dificultar que la gente se involucre en algunas manifestaciones de acción política. ¿Hay algún otro tipo de barrera que impida que eso suceda?

AK: Creo que las personas trans estamos trabajando incansablemente para salir del DSM de tal manera que nos pueda llevar a distanciarnos de quienes han sido psiquiatrizadxs, a pesar de que somos personas psiquiatrizadas. Una postura común es "No tengo una discapacidad", "No tengo una enfermedad mental", lo cual no ayuda porque hay personas que se identifican como discapacitadas y no sienten que esa sea una mala palabra o una identidad menor, y no deberían. Y sé que hay otras personas trans que se identifican como discapacitadas o como sobrevivientes de la psiquiatría, por lo que ya se está superponiendo. Me viene a la mente Eli Clare. Pero creo que, al igual que cualquier otra comunidad, estamos muy atrapadxs en las narrativas dominantes sobre quién es normal y quién no. Y definitivamente hemos internalizado mucho de eso.

“Quién tiene passing” es uno de los temas más importantes en nuestra comunidad. ¿Quién es una persona trans real, quién no lo es? A veces, las personas que no se ajustan al género o que son homosexuales no se consideran lo suficientemente trans. Hay tanta diferencia en nuestras comunidades como en cualquier comunidad, y eso puede poner barreras a la solidaridad. Competir por recursos escasos es siempre una barrera. Es el clásico divide y vencerás. Si siempre estamos compitiendo entre nosotrxs, estamos luchando contra nosotrxs mismxs en lugar de trabajar con otras comunidades para lograr un cambio social más amplio.

No creo que en los círculos de antipsiquiatría o sobrevivientes de la psiquiatría haya mucha conciencia sobre lo que les sucede a las personas trans en la psiquiatría. No he visto eso. No quiero hacer grandes generalizaciones, pero en mi experiencia, no ha sido muy importante.

En lo personal, una barrera a la que me enfrento es que dependo del CAMH para que me aprueben la cirugía. Estoy realmente atascado en este momento. Estoy tan enojado que ni siquiera puedo coger boli y papel y completar esa solicitud. Como activista en contra de la psiquiatría, someterme voluntariamente al CAMH para que me examine y apruebe se siente terrible. Es una gran barrera para mí. Tiene sentido que la gente no quiera luchar contra la psiquiatría porque dependemos de ellos. Eso es enorme. Tengo la aplicación desde hace seis meses. Está ahí sentada.

SD: Eso es muy difícil.

AK: Es tan difícil. Entonces, la dependencia diaria de la psiquiatría excluye la posibilidad de organizarse en contra de la psiquiatría en algunas formas bastante importantes. Eso se aplica no solo a acceder a la cirugía, sino también a acceder a apoyo económico como dije.

SD: ¿Hay algo que quieras agregar?

AK: Sí. Como hombre trans blanco, mucho de lo que digo está cargado de mi propia perspectiva y mi propia identidad. No he querido decir que haya abordado completamente los problemas de estatus, los problemas de inmigración, los problemas de lxs prisionerxs. Pero yo quería hablar, intentar a mi manera contribuir a esta conversación. Espero que esta sea, en algún momento, una de tantas voces hablando de esto desde diferentes perspectivas.

No tengo todo el conocimiento técnico interno y externo, pero sí sé que a las personas trans se les dice de manera desproporcionada que hay algo mal con nosotrxs. Y la mayoría de nosotrxs terminamos en una relación con la psiquiatría. Siempre que los números son tan altos, hay algo por lo que estar extremadamente preocupadx. Lxs jóvenes indígenas están experimentando el suicidio o pensando que esa es una opción viable en números asombrosos en este país, lo mismo ocurre con lxs jóvenes y adultxs trans. Que el suicidio sea una opción tan viable no solo es triste o trágico; es una señal de un problema político y social mayor. Al igual que lxs jóvenes indígenas, las personas trans no nacen queriendo morir -vivimos en un mundo que rechaza activamente nuestra existencia y busca controlarnos y contenernos. No necesitamos psiquiatría, necesitamos solidaridad y justicia. Necesitamos espacio para vivir.

17 de octubre de 2022

Una crítica feminista a la terapia del trauma (Emma Tseris)

Tseris, Emma (2017). A feminist critique of trauma therapy. En Bruce Cohen (ed.), Routledge international handbook of critical mental health (pp. 251-257). Routledge

Traducción de Lokapedia

 

En comparación con las formas manifiestas de daño que continúan cometiéndose dentro de los sistemas de salud mental (por ejemplo, electrochoque, contenciones, reclusión y medicación forzada), es comprensible que algunas feministas hayan elogiado la terapia del trauma por su enfoque para trabajar con mujeres que se presentan a los servicios de salud mental. Por ejemplo, las defensoras de este tipo de terapia citan el profundo interés mostrado por las terapeutas del trauma en las biografías de las mujeres, en comparación con la falta de interés de la psiquiatría en diversos contextos sociales (Lindorfer 2007). Además, quienes trabajan con el trauma han argumentado que se debe hacer una clara distinción entre una respuesta farmacológica al sufrimiento psíquico y el énfasis de la terapia del trauma en la creación de significado a través de escuchar las historias de las clientes (Dillon 2010). Por estas razones, las terapeutas del trauma afirman ofrecer una comprensión radicalmente diferente de cómo los trabajadores de salud mental pueden responder respetuosamente a las mujeres que han sufrido violencia de género, en comparación con una respuesta psiquiátrica tradicional basada en el diagnóstico y la medicación.

Basándose en el feminismo crítico, este capítulo adopta un enfoque diferente para discutir la influencia de la terapia del trauma, ofreciendo en cambio un análisis de las condiciones socioculturales que pueden estar detrás del gran aumento de la popularidad de la terapia del trauma dentro de los contextos psiquiátricos. Argumentaré que la terapia del trauma ha ganado fuerza dentro de los servicios de salud mental no debido a un interés repentino dentro de la psiquiatría por el activismo feminista, sino debido a la capacidad de la terapia del trauma para reducir problemas complejos de justicia social a síntomas psicológicos, que luego se cree que son curables a través de un tratamiento experto en salud mental. Por lo tanto, es necesario ser cautelosas con la creciente popularización de las terapias del trauma, debido a su implicación en etiquetar a las mujeres sobrevivientes de violencia con un trastorno de salud mental, a expensas de prestar atención a los comportamientos de los perpetradores de la violencia -generalmente hombres- contra las mujeres. De esta manera, las terapias del trauma a menudo participan en reproducir, más que en interrumpir, la tendencia dentro de la psiquiatría a descontextualizar el sufrimiento de las mujeres de su contexto social y de género.


El concepto de trauma

En un artículo sobre la urgente necesidad de que la formación relacionada con el trauma se incorpore "en todas las profesiones", Courtois y Gold (2009: 18) abogan por el reconocimiento de "la generalización del trauma en la experiencia humana y la variedad de reacciones postraumáticas y trastornos identificados como secuelas”. A pesar de la bibliografía rigurosa que sostiene que la noción de trauma es un concepto culturalmente específico e históricamente reciente (Summerfield 2001), tales comentarios concretan el trauma como un 'hecho' material de las secuelas de eventos angustiosos. En consecuencia, Courtois y Gold se unen a una multitud de terapeutas e investigadoras que se basan cada vez más en el concepto de trauma como una descripción de sentido común de los efectos del abuso y otras experiencias abrumadoras, por lo que las secuelas de la violencia se entienden como una experiencia predominantemente psicológica (Whelan et al. 2002).

El concepto de trauma a menudo se presenta como un concepto marginado e infrautilizado dentro del campo de la salud mental (ver Bateman et al. 2013). Sin embargo, ha ganado una enorme fuerza y atención dentro de los servicios de salud mental en el último cuarto de siglo. De hecho, la noción de que los cambios psicológicos y neurobiológicos traumáticos ocurren dentro de las personas después de la experiencia de factores estresantes abrumadores -incluidos, entre otros, la violación y otras formas de violencia de género- ha ocupado un lugar central no solo dentro de los servicios de salud mental, sino más ampliamente dentro de la imaginación cultural occidental (Bracken 2002; Fassin y Rechtman 2009). En respuesta, la búsqueda de modelos simples y reproducibles de "intervención del trauma" se ha convertido en una empresa internacional, a la que algunos se refieren como la "industria del trauma" (Afuape 2011). Por lo tanto, los argumentos sobre la realidad de una epidemia de 'trauma' y la necesidad de aumentar la financiación y los recursos destinados a las intervenciones de trauma no son argumentos neutrales basados únicamente en avances científicos, ni pueden explicarse como impulsados únicamente por las intenciones altruistas de ayudar a los profesionales. Como afirma Young (1995: 5), la noción de 'trauma',

es atemporal, no posee una unidad intrínseca. Más bien, está unido por las prácticas, tecnologías y narrativas con las que se diagnostica, estudia, trata y representa, y por los diversos intereses, instituciones y argumentos morales que movilizaron estos esfuerzos y recursos.

Si bien algunas críticas a la "industria del trauma" han argumentado que las personas que reclaman un historial de trauma están haciendo afirmaciones ilegítimas y lo hacen para "culpar a otros de sus problemas" (ver Dershowitz 1994), es posible criticar la "industria del trauma" sin contribuir a los discursos de culpabilización de las víctimas o a una cultura de incredulidad que tan a menudo ha afectado la vida de las mujeres que intentan buscar ayuda relacionada con sus experiencias de violencia machista. Por ejemplo, un análisis sociológico permite examinar los procesos mediante los cuales la popularización del concepto de trauma se ha ajustado a los intereses profesionales de los y las terapeutas, al mejorar el alcance de su autoridad y experticia percibida. Más aún, el concepto de trauma cumple una importante función política. Como señaló Withuis (2010: 322), la omnipresencia del concepto de trauma ha resultado en una visión unidimensional del sobreviviente de trauma, que se define por un grupo de síntomas y que ya no tiene una identidad de género, raza o clase: “al declarar a todo el mundo como posible víctima de TEPT”, afirma, “la cuestión de qué causa exactamente la traumatización y por qué las situaciones aterradoras tienen diferentes resultados en diferentes períodos y culturas y para diferentes personas, desaparece de la vista”.

La idea de que el trauma es un fenómeno universal, por el cual todos están igualmente 'en riesgo', tiene como consecuencia el efecto de borrar un análisis de las condiciones sociales y de género que subyacen tanto a la perpetración como a la experiencia de la violencia. Esencializar afirmaciones, como la famosa afirmación de Levine (1997: 2) de que "el trauma es un hecho de la vida", descontextualiza el sufrimiento de su contexto social, de forma efectiva "oscurece las razones de Estado que hicieron posible humillar, torturar y violar” (Beneduce 2016: 275, énfasis en el original). Aunque no es el tema central de este capítulo, los discursos relacionados con el trauma experimentado por los veteranos de guerra, las víctimas de desastres naturales y los pueblos indígenas funcionan de forma similar: al centrarse en el daño psicológico, se consigue esquivar hábilmente una discusión sobre las acciones de los gobiernos y el daño causado por la desigualdad social global. Aún más preocupante, las nociones sobre los efectos abrumadores del trauma tienen la capacidad de borrar los actos de violencia por completo, de modo que los efectos del trauma que alteran la mente son los que parecen más aterradores, no las condiciones materiales y sociales que han precedido y causado la angustia. Por ejemplo, la publicidad de la contraportada del libro de autoayuda de Cori (2007) titulado Healing from Trauma promete a los lectores:  

Comprender el trauma y sus impactos devastadores; Identificar síntomas de trauma (disociación, estupor, etc.) y problemas de salud mental comunes que se derivan del trauma; Manejar reacciones traumáticas y recuerdos; Crear una vida más equilibrada que apoye tu recuperación; Elegir intervenciones apropiadas (terapias, grupos de autoayuda, medicación y alternativas); Reconocer lo lejos que has llegado en tu sanación y lo que necesitas para seguir creciendo.

Este pasaje refleja un enfoque convencional de la terapia del trauma, que pinta un cuadro de sintomatología extrema, casi sin prestar atención al origen de los problemas que se mencionan. También es evidente en este extracto el amplio uso del término 'trauma', que ha llegado a usarse comúnmente para describir tanto los trastornos psicológicos causados por la exposición a la violencia como el evento dañino en sí mismo -por ejemplo, “la exposición al trauma hizo que experimentara síntomas de trauma”. Los efectos de este uso circular del lenguaje respaldan la invisibilidad del dominio patriarcal, ya que no se hace referencia alguna a la violencia o la opresión como fuente del problema (Gilfus 1999). De hecho, algunos autores también han utilizado "trauma" para describir los efectos psicológicos de infligir violencia (ver Litz et al. 2009). Por lo tanto, el léxico del trauma despolitiza la violencia de género: las sobrevivientes de abuso se convierten en sobrevivientes de trauma y las intervenciones por violencia se reducen a intervenciones por trauma, lo que lleva a una comprensión ahistórica y descontextualizada de la vida de las mujeres sobrevivientes de violencia.


Trauma y narrativas de mujeres

Aunque las terapias del trauma no son homogéneas, en general privilegian la narración de historias como el medio a través del cual puede ocurrir la "recuperación", a menudo requiriendo que las sobrevivientes revisen pequeños detalles de un pasado abusivo, para procesar repetidamente el material traumático (ver, por ejemplo, Cohen et al. 2000). Al mismo tiempo, la literatura sobre trauma está imbuida de discursos de autonomía del cliente, ya que "se esfuerza por trabajar en colaboración con las sobrevivientes, invitándoles a participar en la planificación del tratamiento y fomentando el empoderamiento del individuo" (Clark et al. 2015: 9). El enfoque en la creación de significado y la vinculación de la angustia actual con detalles biográficos pasados es una fuente de orgullo para muchos terapeutas del trauma, quienes enfatizan las diferencias entre un enfoque informado sobre el trauma y las convenciones del diagnóstico psiquiátrico. La narración de historias, sin embargo, no ocurre como un ejercicio neutral: como señala McFarlane (en Costa et al. 2012: 86), “las historias son extremadamente poderosas... Pero nuestras historias también son una mercancía -ayudan a otros a vender sus productos, sus programas, sus servicios- y, a veces, extraen nuestras historias en busca de los detalles que mejor sirven a sus intereses”.

Por lo tanto, el uso de narrativas dentro de la terapia del trauma no apoya, en sí mismo, el avance de los derechos de las mujeres, ni necesariamente lleva a la revisión de una visión psiquiátrica en un marco que tenga en cuenta los problemas del contexto social. Cuando se alienta a las mujeres a buscar terapia (como suele ocurrir), la conversación "profesional" que se produce no se produce en un vacío social, sino que está inmersa en los prejuicios del terapeuta, que puede estar informado por normas y valores patriarcales (McLellan 1995). Las terapias del trauma, en su mayor parte, continúan utilizando un lenguaje de "tratamiento" mediante el cual el trabajador de salud mental mantiene el control sobre el proceso terapéutico (Tseris 2013) y muchas terapias del trauma no ofrecen una visión transformada del papel de la psiquiatría, ya que simplemente combinan una aproximación narrativa con una respuesta convencional farmacológica, en lugar de reemplazarla. Más aún, varias terapias del trauma siguen utilizando con soltura el lenguaje del diagnóstico (incluido, entre otros, el trastorno de estrés postraumático -TEPT), lo que convierte a las mujeres en mentalmente enfermas y nombra sus estrategias de afrontamiento y sus respuestas a la violencia como disfuncionales (Burstow 2005). Como señaló Lowe (en Proctor 2008: 239), "una cosa es ofrecer a las clientes una voz dentro del discurso terapéutico profesional, pero otra muy distinta podría ser permitirles un discurso propio". La afirmación generalizada de que la terapia del trauma ofrece un espacio de empoderamiento para que las mujeres cuenten sus historias puede actuar para oscurecer las diferentes formas en que los terapeutas del trauma mantienen la capacidad de definir y analizar las experiencias de las mujeres. En otras palabras, si se van a valorar las narrativas de las mujeres por sí mismas, entonces ¿por qué existe la necesidad de un número cada vez mayor de "expertos en trauma" para filtrar las experiencias de las mujeres a través de las lentes que ofrecen los marcos de diagnóstico psiquiátrico? De hecho, utilizar un lenguaje de "colaboración" puede servir para aumentar la dinámica de poder presente dentro de la terapia, al ocultar el desequilibrio que continúa presente entre terapeutas y usuarias del servicio (Proctor 2008).


Una proliferación de 'técnicas'

La última década ha sido testigo de una gran ola de nuevas terapias del trauma que ingresan al mercado de la terapia; los ejemplos incluyen yoga informado sobre trauma, meditación mindfulness, desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR) y 'neurofeedback', entre muchas otras (Holleran Steiker 2015). Tales terapias compiten entre sí como la respuesta al trauma más 'basada en la evidencia', y las 'opciones' que ahora están disponibles para los clientes 'traumatizados' han sido ampliamente celebradas. Sin embargo, la preocupación por las diversas técnicas de las terapias del trauma ha distraído la discusión sobre las similitudes compartidas por la mayoría de los enfoques informados sobre el trauma -en particular, su reduccionismo y su papel en el mantenimiento de una agenda de statu quo. A pesar de la afirmación de que las terapias del trauma atienden al contexto social, la terapia tiene una capacidad muy limitada para examinar fenómenos sociales amplios; si bien es posible una discusión sobre la historia y las circunstancias de un individuo, su familia y otras redes locales, es raro que los esfuerzos terapéuticos se involucren en una conversación más amplia sobre la necesidad de un cambio social (Morrall 2008). Esta limitación es particularmente relevante para los enfoques de trauma más recientes, que se han centrado en respuestas particularmente individualistas al sufrimiento, incluidas la "reparación cerebral" y las técnicas conductuales. Como la mayor parte de la 'nueva ola' de terapias del trauma no está basada en un marco feminista crítico, hay muy poco margen disponible, si es que hay alguno, para discutir sobre los recursos sociales y materiales que las mujeres pueden necesitar para lograr un estado de 'bienestar' - en cambio, la atención se centra en los resultados que se pueden lograr a través de la pura determinación y la resiliencia individual, en manos de un terapeuta experto (Moloney 2013).

Además, dada su dependencia de los valores occidentales y masculinos hegemónicos, es preciso cuestionar la comprensión rígida de la personalidad competente a la que recurren muchos terapeutas del trauma para describir el bienestar psicológico. Por ejemplo, ejemplos de los objetivos de la terapia del trauma incluyen el desarrollo de la autonomía y la eliminación del miedo a ser revictimizado (a lo que se refieren Briere y Scott (2015) usando el término asombrosamente patológico, "autoprotección compulsiva"). Tales nociones de recuperación del trauma se basan en una visión muy limitada de cómo se puede entender la seguridad de las mujeres. Las mujeres que reciben terapia después de la violencia no son transportadas a una sociedad posfeminista; más bien, continúan viviendo dentro de culturas que están incrustadas en relaciones patriarcales. Experimentar una falta de seguridad no debe verse como un 'desorden' sino como una visión realista dentro del contexto del patriarcado (Burstow 2005). También hay un componente de género en los tipos de respuestas dadas por sobrevivientes de violencia que se posicionan como síntomas que requieren intervención. Por ejemplo, la idea de que las mujeres traumatizadas experimentan 'labilidad del estado de ánimo' refleja y perpetúa los estereotipos culturales sobre la problemática emocionalidad de las mujeres. Las expectativas de las sobrevivientes de abuso relacionadas con su compromiso a largo plazo con la terapia actúan entonces como tareas laborales afectivas asignadas a las mujeres, con la idea de que, como resultado, se convertirán en personas autónomas y responsables (Arthington 2016). De esta manera, las mujeres que han sufrido violencia se posicionan paradójicamente como personas disfuncionales a las que les corresponde la gestión activa del yo traumatizado. Este posicionamiento respalda las estrategias políticas neoliberales que apuntan a gestionar a las personas, al mismo tiempo que evitan la responsabilidad por su bienestar (Binkley 2011). De esta manera, la terapia del trauma se involucra en el ocultamiento de las relaciones de poder de género que afectan la vida de las mujeres que han sobrevivido al abuso tanto a nivel interpersonal como sociocultural.

Finalmente, a pesar de sus diferencias, la mayoría de las terapias del trauma también comparten la noción de que los eventos traumáticos dañan a las personas al causar dificultades psicológicas graves y duraderas; si bien esta narrativa de las "deficiencias" demostró ser vital para el trabajo político de las feministas de la segunda ola y para intentar posicionar la violencia contra las mujeres como un tema digno de atención pública, también ha sido extremadamente útil para los terapeutas del trauma en su intento de justificar la necesidad de sus servicios en torno a eventos violentos (Joseph 2011). En la actualidad existe un importante cuerpo de literatura que critica la visión saturada de problemas de una sobreviviente de trauma, investigando en cambio las diversas formas en que las mujeres resisten y muestran fortalezas en respuesta a las relaciones abusivas (Wade 1997). Sin embargo, esta imagen más optimista de las posibilidades de crecimiento y resiliencia en el contexto de la violencia debe leerse con precaución. En primer lugar, la capacidad de tales conceptos para cambiar los supuestos que sustentan una relación cliente-profesional es inadecuada ya que, por supuesto, "hablar de 'positivos' y 'fortalezas' requiere la existencia de 'negativos' y 'debilidades' para que estos conceptos tengan sentido” (Harper y Speed 2012: 8). En segundo lugar, demasiada atención a los actos individuales de resiliencia distrae de las preguntas sobre la necesidad de un cambio estructural relacionado con la igualdad de género y plantea una barrera a la discusión sobre cómo podría ser una respuesta socialmente justa para las mujeres que han sufrido violencia.


Reflexiones finales 

El objetivo de este capítulo no ha sido criticar a las trabajadoras de salud mental individuales que utilizan terapias del trauma, especialmente aquellas que intentan construir un "puente" paradigmático entre las limitaciones del pensamiento psiquiátrico y el reconocimiento de las políticas de género que sustentan las experiencias de sufrimiento de las mujeres (ver Herman 1992). Como se ha señalado, el concepto de trauma es un concepto destacado dentro de los contextos occidentales y se puede utilizar pragmáticamente para llamar la atención sobre cuestiones marginadas -incluida la violencia de género- que, desde una perspectiva crítica, necesitan una consideración seria por parte de los profesionales de la salud mental. De esta forma, el concepto de trauma tiene la capacidad de validar y 'legitimar' el sufrimiento que pueden experimentar las mujeres después de la violencia y, cuando se utiliza estratégicamente, tiene la capacidad de combatir el importante problema de la psiquiatrización de las mujeres. Sin embargo, como se ha argumentado en este capítulo, la terapia del trauma también tiene la preocupante capacidad de transformar rápidamente el problema social de la desigualdad de género en una 'disfunción' privada dentro de las mujeres individuales. Tal 'terapización' de los problemas de justicia social privilegia un microanálisis de los mundos psicoemocionales de las mujeres (Ecclestone y Brunila 2015) a expensas de una perspectiva crítica de salud mental que se centre en un análisis integral de las relaciones de poder. 

La hegemonía cultural no es un juego de suma cero (Hall 1996); la terapia del trauma permite a la psiquiatría, en sus términos, incorporar pequeños componentes del feminismo, mientras mantiene su estatus primordial y sus supuestos centrales (Holmes y Papps 2013). Al centrarse en la noción de que la violencia contra las mujeres causa daños neurobiológicos y psicológicos en las sobrevivientes, y al afirmar que los expertos son llamados a curar estas “heridas traumáticas”, las y los trabajadores de la salud mental envían un particular mensaje tanto a las usuarias de servicios como a la comunidad más amplia: el problema de la violencia machista está en última instancia situado dentro de las mentes de las mujeres. Como consecuencia, las acciones de los hombres que ejercen violencia contra las mujeres, junto con las características de las sociedades patriarcales que apoyan y excusan la violencia de género, no son objeto de escrutinio. Por lo tanto, aunque es importante reconocer que la terapia del trauma puede, en contextos particulares, estar inspirada por ideales feministas -incluyendo la construcción de comunidades de apoyo y trabajando hacia el empoderamiento económico de las mujeres (Goodman y Epstein 2008)-, iteraciones contemporáneas de la terapia del trauma están en gran medida implicadas en oscurecer la relación entre el sufrimiento de las mujeres y las desigualdades de género. Es vital que activistas y académicas críticas de la salud mental examinen las diferentes formas en las cuales la terapia del trauma contribuye a una agenda patriarcal de invisibilización de la violencia machista y de re-establecimiento de motivos culturales sobre la locura de las mujeres (Ussher 2011). Solo entonces será posible explorar respuestas más prácticas, creativas y subversivas al sufrimiento experimentado por las mujeres supervivientes de violencia que se extiendan fuera de los límites de una sala de terapia. 

    

Las referencias bibliográficas de texto original pueden verse en este enlace.

8 de octubre de 2022

Acción Vincular Loka: 2º fanzine Círculo de feminismo loco latinoamericano

 
“Vínculos”, o “Acción vincular loka” es el segundo fanzine autoeditado y autopublicado por la colectiva Círculo de feminismo loco latinoamericano. 

Recopila obras de artistas que forman parte del Círculo y también de artistas colaboradorxs. Entre otras cosas, las obras de este fanzine hacen mención a los vínculos con el cuerpo, con las maternidades y no-maternidades, con los conflictos, con las amistades locas, con las instituciones y aparatos del Estado, con la naturaleza, con la medicación, con la psiquiatría, con los dolores, con une misme y con les demás. Hace referencia, también, a la necesidad de mantener resistencias locas anticoloniales a propósito de la fecha en la que ha sido publicado: el mes de octubre (de 2021), en el que a nivel internacional e institucional se celebren fechas como el “Dia de la Salud Mental” y el “Dia de la raza” o “Dia de la hispanidad”, que sostienen imaginarios y violencias cuerdistas y colonialistas sobre nuestros cuerposmentes y territorios.


12 de septiembre de 2022

Reflexiones sobre la actual situación del movimiento loco en Madrid (11-09-2022)


Victor Sánchez, V.S


Imagen del autor


Primero, soy una persona loca en cuanto a que soy oprimida por el cuerdismo. 


Segundo, me considero activista en varios campos del activismo, también del no loco, y lo he sido en algunos más.


Tercero, hablo y leo fluidamente en inglés. Desde que descubrí los Mad Studies esa ha sido mi área de máximo interés. También estoy en cosas con personas locas psiquitrizadas o que hace poco han escapado del sistema. 

       

Y estás son mis reflexiones sobre estos puntos:


  • La Locura no tiene un discurso único y cualquier intento de unificarlo, lo hagan locxs o no, es una violencia epistémica, de la que el psisistema está lleno. 


  • No tenemos sistemas concretos de medición de las fuerzas de cada propuesta, así que nos movemos en la incertidumbre. Quizás el grado de opresión, o de Locura, podría servir de algo. Pero las personas locas "del todo", y las oprimidas del todo, no tienen una voz reconocible por las que no tienen ese nivel de opresión. 


  • Hay un robo de los conocimientos locos (Cooptación) por el Psisistema: que también puede ser por las propias personas locas, muchas veces de forma no buscada. Esto ha pasado siempre. El psisistema es una parte del sistema de opresiones. Yo diría que una parte fundamental dado que, si no, el gasto militar (la policía es ejército) sería inasumible para el capitaloceno actual. Y el sistema siempre ha cooptado las cosas que le suponían un peligro, dejando la parte que no le hace daño y eliminando la parte peligrosa. Normalmente esto ha supuesto un coste, pero si todo cambia para que todo siga igual hay que pagar el nuevo decorado. 


  • Las personas que tenemos momentos (que pueden ser larguísimos, vamos, del resto de la vida) de vivir fuera de la realidad consensuada necesitamos apoyos para navegar en esta realidad actual. En esos momentos somos muy frágiles (y por ello muy vulnerables) en un mundo de acero, hormigón y rocas.

 

  • Muy, muy personal: Necesitamos un mundo nuevo, pero lo seguiremos necesitando, una vez cambiado, cada siguiente segundo. No podemos basarnos en Utopías caducas ni en islas de privilegiadxs. Habrá días que podréis contar conmigo para ese comienzo de un nuevo juego (el juego es un entrenamiento para la vida en todos los mamíferos; así que quizás la vida es el juego, el único, que sí que hay que jugar) y días que no. Sólo puedo decir que espero sean muchos los primeros y pocos los segundos. 



  • Imagen del autor