27 de junio de 2020

De orgullos, locas y desbarres





Desbarres interseccionales en vísperas de un 28J, en la "nueva normalidad" y la virtualidad pandémica 








9 de junio de 2020

Estudios Locos: un texto de Rachel Gorman y Brenda A. LeFrançois





Título en inglés ”Mad studies”. Texto publicado en 2017 en el Routledge International Handbook of Critical Mental Health, coordinado por Bruce M. Z. Cohen: https://www.routledgehandbooks.com/doi/10.4324/9781315399584.ch12

Traducción de Lokapedia 




El presente capítulo está escrito por dos investigadoras de los Estudios Locos. Una de nosotras (Rachel) fue miembro de la Coalición Contra el Asalto Psiquiátrico (CAPA) en Toronto, donde se conectó con la red emergente de investigadores/activistas locos que más tarde estimuló a Richard Ingram (2015, 2016) para acuñar el término 'Estudios Locos' en 2008. La otra de nosotras (Brenda) participó en la conferencia Madness, Citizenship and Social Justice organizada por Robert Menzies en la Universidad Simon Fraser en Vancouver en 2008, donde se entusiasmó con los nuevos estudios locos canadienses y aceptó la invitación a coeditar el libro Mad Matters (LeFrançois et al. 2013) para presentar dicho conocimiento. Estos importantes eventos (acuñar el término "estudios locos" y la conferencia de Vancouver), colisionaron de tal forma que han permitido que la investigación activista que emana del movimiento loco encuentre un hogar politizado y teórico, tanto dentro como fuera de la academia. Nos unimos para escribir este capítulo, trayendo nuestros conocimientos de esta emergente 'in/disciplina' (Ingram 2015, 2016), así como nuestras experiencias como, respectivamente, una mujer queer mestiza loca, que es artista de performance y académica de los estudios de la discapacidad, y una mujer blanca queer y loca que enseña a contra-corriente a profesionales en formación, como educadora de trabajo social y académica de la psicología crítica. Aportamos todo lo anterior a esta escritura conjunta de Estudios Locos, enmarcados a través de lentes transnacionales, poscoloniales y críticas desde la raza.

Quienes se encuentran leyendo en este nuevo terreno podrían preguntarse: ¿pero por qué “Estudios Locos”? Aunque las críticas a la psiquiatría han existido durante décadas, desde terapeutas radicales y feministas hasta activistas antipsiquiátricos y psiquiatras críticos (por nombrar algunas de las fuentes históricas y actuales más destacadas), ninguna de estas críticas se ha centrado específicamente en los conocimientos y las teorías de quienes han sido considerados “locos”. Aunque los Estudios Locos se llevan a cabo tanto por aliados como por aquellos considerados locos, el movimiento loco sigue siendo central y continúa entrelazado con estos estudios. Dado este enfoque, no es sorprendente que, con la aparición de los Estudios Locos, se haya puesto mucha atención en la recuperación, documentación, comprensión, revisión y enseñanza de la historia de la gente loca (Beckman y Davies 2013; Burstow y Weitz 1988; Chadha 2008; Davar 2015; Patel 2014; Reaume 2009; Reville 2013; Roman et al.2009; St Amand y LeBlanc 2013; Starkman 2013). De hecho, entendemos los Estudios Locos como un espacio de acción social y teorización sobre la opresión y la violencia-psi que se centra en las historias de los cuerpos psiquiatrizados, particularmente porque esos cuerpos psiquiatrizados han sido suprimidos y borrados dentro de otras disciplinas y otros cuerpos de conocimiento, incluidos los cuerpos de conocimiento que critican la opresión psiquiátrica. 

Además de esta forma innovadora de estudiar y enseñar la historia de la gente loca, los Estudios Locos proporcionan una crítica sistemática de la violencia-psi, la injusticia epistémica (Donskoy 2015; LeBlanc y Kinsella 2016) y el cuerdismo (Fabris 2011; Poole et al. 2012) que incluye, por ejemplo, leer contra-corriente informes psiquiátricos (es decir, las notas diarias que el personal del hospital hace sobre los pacientes) (Daley et al. 2012) y exponer la violencia psiquiátrica a través de otras formas de escritura, investigación y activismo social (ver, por ejemplo, Ben -Moshe et al.2014; Burstow et al.2014; LeFrançois et al.2013; Russo y Sweeney 2016). Al infiltrarse en la academia, ya sea a través de los estudios críticos de la discapacidad, o como campo propio transdisciplinar separado, entendemos que la progresiva “toma de consciencia”, el activismo social, los servicios dirigidos por pares y la investigación de sobrevivientes de la psiquiatría dentro del movimiento de sobrevivientes de la psiquiatría/locos, ha ido más allá de ser un movimiento social para convertirse en uno que ahora tiene su propia in/disciplina. Crucialmente, dada su inmersión dentro del movimiento loco, vemos que los Estudios Locos tienen lugar en una variedad de espacios dentro o fuera de la academia, pero nunca sin comunidad (LeFrançois 2016). Más aún, los conocimientos transnacionales, críticos de la raza y poscoloniales han sido parte integral de los Estudios Locos desde sus comienzos (Gorman 2013; Gorman et al.2013; Gorman y Udegbe 2010; Haritaworn 2013; Kanani 2011; Mills 2014; Nabbali 2013; Patel 2014; Tam 2013; Voronka 2013), trabajando para subvertir la eliminación de los cuerpos locos racializados y colonizados, así como su focalización y sobrerrepresentación dentro de las instituciones psiquiátricas. 

Los Estudios Locos se entienden a sí mismos como un proyecto en evolución, donde ninguna persona o grupo tiene autoridad sobre lo que es ahora y lo que podría convertirse con el tiempo. Además, se ha concebido como un proyecto colectivo que ha comenzado y evolucionará principalmente a partir de las discusiones y teorías políticas que tienen lugar entre los miembros de la comunidad loca (Ingram 2016). Inspirado en la producción cultural loca (Dellar et al. 2000; Diamond 2013), los Estudios Locos tienen como objetivo celebrar la comunidad y los aspectos positivos de los estados mentales alterados, sin patologizar esas experiencias o idealizar o borrar lo que se puede experimentar como una angustia profunda e insoportable. 

También es importante dentro de los Estudios Locos enfocarse en lo que Finkler (2014) refiere como el análisis de los sobrevivientes de la psiquiatría, o lo que Wolframe (2014) refiere como una lectura loca o el enloquecimiento del texto. Aquí vemos el tema central de ir más allá de las narrativas de los consumidores (Costa et al. 2012) para honrar la producción de conocimiento y la teoría de las personas consideradas locas (Finkler 2014; Sweeney 2016; Wolframe 2014). Esta teoría no solo tiene importancia en términos de mirar y exponer la violencia del aparato psiquiátrico, sino que abre las muchas posibilidades que rodean los puntos de vista locos que miran hacia afuera, en tanto lecturas locas del mundo en general (Ingram 2015; LeFrançois 2015). Es decir, la mirada loca, el enloquecimiento del texto y los análisis locos de cuestiones de política social no relacionadas con la psiquiatría, o sobre literatura, artes, política, filosofía, etc., todos tienen su hogar dentro de los Estudios Locos.

Debates emergentes

Con esta introducción a los Estudios Locos y sus posibilidades, pasamos ahora a una discusión de algunos debates emergentes que tienen lugar actualmente dentro de esta in/disciplina. En los párrafos restantes, describiremos lo que consideramos debates teóricos emergentes que son posibles gracias a la aparición de los Estudios Locos, -y a las aportaciones de las teorías indígenas, antirracistas, queer/trans y feministas a los Estudios Locos. Están en juego cuestiones de ontología/epistemología y debates sobre el esencialismo. También está en discusión si los Estudios Locos pueden presentarnos un marco analítico lo suficientemente robusto que pueda entenderse como una teoría social crítica por derecho propio, a través de la comprensión de las relaciones sociales más allá de un estudio estrecho de los sistemas psiquiátricos y las personas que han estado más directamente sometidas a ellos. A través de una valoración de los recientes estudios sobre las intersecciones entre los estudios locos y los estudios coloniales, antirracistas y los estudios queer y trans de color, argumentaremos que hay movimientos importantes que pueden llevarnos a una teoría loca completa, que nos pueda ayudar a comprender el papel central que desempeñan las ideologías de la 'salud mental' en los procesos continuos de colonización, explotación laboral, racismo y violencia estatal. 

Comenzamos con la premisa de que la teoría loca surge al menos en parte de (y/o como parte de) los Estudios Locos. Si bien no hay consenso sobre qué son los Estudios Locos -o quizá más importante, no hay consenso sobre quién puede hacer Estudios Locos-, diremos en términos generales que 'los Estudios Locos adoptan aproximaciones sociales, relacionales, basadas en la identidad y la anti-opresión hacia cuestiones de diferencia mental/psicológica/comportamental, y se articulan, en parte, contra una analítica de la enfermedad mental” (Gorman 2013: 269). Debemos reconocer el hecho de que la emergencia de los Estudios Locos en el complejo industrial académico, genera un conjunto específico de condiciones para la producción de conocimiento, incluso cuando los Estudios Locos han surgido de la investigación conectada con los movimientos locos. Por lo tanto, para indagar en una teoría loca emergente en esta coyuntura histórica, debemos entenderla en relación con los movimientos sociales basados ​​en la identidad que surgen en contextos capitalistas occidentales, y que están simultáneamente cuestionados por una mayoría global y por las comunidades activistas indígenas.

Psiquiatría y racismo científico

Han surgido contribuciones epistemológicas y metodológicas fundamentales para una posible teoría loca, a través del proyecto de los Estudios Locos de analizar y re-historizar la historia de locura y de la psiquiatría. Los estudios historiográficos de la psiquiatría y la psiquiatrización han sido luchas muy duras, que comenzaron en los primeros días de la organización de la gente loca y sobrevivientes de la psiquiatría. Ha sido a través de la perseverancia de activistas e investigadores que han luchado por una historiografía de la gente loca, y a través de la fuerza de las contribuciones antirracistas y anticoloniales a la historiografía loca hechas por gente negra, indígena y de color, que estamos ahora en posición de especular sobre las posibilidades de la teoría loca. A pesar de la sobre-representación de los cuerpos racializados como sujetos de la violencia psiquiátrica, las relaciones sociales atravesadas por el racismo y el colonialismo nos llevan a ser testigos del silenciamiento y la omisión de las experiencias de los locos racializados, aún más que cuando se trata de sujetos locos blancos. Esto se convierte, entonces, no solo en la eliminación de la violencia psiquiátrica y el cuerdismo, sino también en la eliminación del racismo dentro de esta misma dinámica. Centrar las historias de los cuerpos psiquiatrizados requiere, por lo tanto, interrogar y exponer las interconexiones entre la historia del racismo y la historia de la psiquiatría biomédica. 

La psiquiatría y el racismo científico comparten una historia común de emergencia y articulación continua. La elaboración científica de la "curva normal" se puede rastrear históricamente como central para la constitución de personas locas y otras personas discapacitadas como diferentes y anormales, reproduciendo una jerarquía de poder, privilegio y subordinación (Campbell 2009; Chapman 2014; Davis 1995) que se cruza con otros marcadores de raza, género, clase, sexualidad y edad, creando la mente y el cuerpo blancos sin estas marcas como superiores (Butler 2016). Este reparto de la dicotomía superior-inferior, y el racismo científico a través del cual se codificó, fue un pilar central en el proyecto colonial (Césaire 1972; Fernando 1992; Tuhiwai Smith 1999). Al mismo tiempo que los regímenes coloniales y los traficantes de esclavos propagaban ideologías racistas y afirmaban que sus proyectos eran benévolos –a través de lo cual los pueblos primitivos con cerebros más pequeños que carecían de autocontrol y habilidades avanzadas de razonamiento eran ayudados por sus amos superiores-, la psiquiatría se estaba desarrollando en el contexto de estas epistemologías sociocientíficas (Fernando 1992).

Las contradicciones de la ciencia humana en su estudio de "los otros humanos del hombre" (McKittrick 2013) significaron que los científicos coloniales encontraron una incidencia muy baja de lo que la psiquiatría estaba llamando "enfermedad mental" en las poblaciones colonizadas (Cohen 2014; Fernando 1992). Las personas incivilizadas fueron declaradas inmunes a las neurosis y las psicosis burguesas, y algunos argumentaron que los esclavos solo estaban libres de locura cuando estaban en cautiverio (Fernando 1992). De hecho, la psiquiatría en ese momento reforzó el comercio de esclavos al clasificar el "comportamiento de huida" de los esclavos como una enfermedad mental conocida como drapetomanía (Fernando 1992; Kanani 2011). En relativamente poco tiempo, el marcaje de cuerpos rebeldes racializados y colonizados se hizo más pronunciado en psiquiatría, hasta el punto de que los pueblos racializados e indígenas estaban (y están) sobrerrepresentados en los sistemas de salud mental en el mundo occidental (Cohen 2014; Fernando 1992; Fernando et al.2012; Metzl 2009; Voronka 2013).

Epistemología e ideología en la teoría loca

Nuestra consideración de que la teoría loca surge de las perspectivas analíticas de la gente loca, nos lleva a lidiar con los movimientos locos como movimientos sociales. Al surgir de un movimiento social que se basa en los principios de la auto-identidad, la teoría loca también contiene en su núcleo una tendencia al esencialismo: el argumento explícito o implícito de que los locos tienen características esenciales y, por lo tanto, son identificables como gente loca. Las afirmaciones ontológicas conducen inevitablemente a las epistemológicas: si estamos tratando de centrar el pensamiento que surge de la experiencia loca, nos importa de quiénes son las experiencias en las que estamos interesadxs. Las relaciones sociales más amplias de género, raza, clase, sexualidad e identidad de género se desarrollan en movimientos sociales liberales Occidentales, incluido el movimiento loco. A medida que los movimientos locos se ajustan en el complejo industrial académico como Estudios Locos, los movimientos radicales antipobreza y antipsiquiatría son apropiados y desestimados. Como resultado, la identidad loca emergente tiende hacia las subjetividades dominantes. De manera similar, las afirmaciones sobre la experiencia de ser psiquiatrizado pueden basarse en experiencias atribuidas a las subjetividades dominantes – por ejemplo, la ya conocida afirmación de algunos activistas de que ser psiquiatrizado es 'como ser colonizado' (Gorman 2013; Tam 2013) solidifica una subjetividad loca que borra las experiencias de la gente negra, la gente indígena y la gente de color que están simultáneamente resistiendo a la psiquiatría y a los legados (y las violencias actuales) del colonialismo.

Tampoco podemos entender las ideologías culturales de las "esencias” locas, o sus refracciones en los movimientos sociales, sin el entramado-psi y el cuerdismo supremacista blanco. Las subjetividades locas emergentes también deben luchar contra la reproducción institucionalizada de las ideologías psi que está en curso. Esta lucha ideológica es quizás más evidente en la llamada perspectiva del consumidor sobre el papel del estigma en la opresión de la gente psiquiatrizada. En la actual competencia por fondos estatales y caritativos, los hospitales psiquiátricos y los complejos de investigación se vuelven a considerar como "instituciones de ayuda", a través de campañas masivas contra el estigma y mediante la apropiación del testimonio de pacientes sobre sus "vidas transformadas" (ver Costa et al. 2012). A través de estas campañas, se exige a la gente psiquiatrizada, así como a la que aún no ha sido diagnosticada, confesar nuestras diferencias (químicas) esenciales, o ser informadxs de ello por compañerxs de trabajo y seres queridos.

Estas técnicas-psi contemporáneas de formar y llegar a conocer una identidad loca, están en oposición dialéctica con los grupos de ex pacientes y los grupos de autoconsciencia y antipsiquiatría, donde las personas deconstruyen y critican experiencias de angustia e intervenciones violentas e imaginan modos alternativos de apoyo. Mientras que el "estigma" se enmarca en el ámbito ideológico de los hospitales psiquiátricos y de las organizaciones de servicios, conceptos como el "cuerdismo", que surgen de foros de Estudios Locos (Fabris 2011; Poole et al. 2012), pueden proporcionar un poder explicativo más sólido que el de "estigma". El "cuerdismo" tiene el potencial de explicar tanto la discriminación contra aquellas personas percibidas como locas, como la violencia psiquiátrica; mientras que el "estigma" solo explica la primera. De hecho, en las campañas contemporáneas de salud mental, el "problema" con el estigma es que causa demoras en "conseguir ayuda" de lo que son, en última instancia, sistemas opresivos.

Teoría loca y/como teoría social crítica

Al igual que con el desarrollo de la teoría del punto de vista de las mujeres (con sus problemas onto-epistemológicos de la 'mujer esencial') y su relación con la teoría feminista más amplia y los estudios de género, también podemos imaginar una teoría loca que vaya más allá de criticar, abolir y/o reformar la psiquiatría. Las investigaciones recientes en Estudios Locos revelan lo psi como un sistema general expansivo que impregna y se entrelaza con otras relaciones dominantes, por ejemplo, el colonialismo de asentamiento (settler colonialism) y el trabajo social (LeFrançois 2013). Un modo de crítica se vuelve mucho más poderoso cuando puede integrarse con otras posiciones teóricas sociales críticas y campos de estudio. La investigadora antirracista Sherene Razack (2015) y la investigadora crítica en estudios nativos Dian Million (2013) han descubierto formas fundamentales en las que las tecnologías-psi son co-constitutivas del colonialismo y reproducen la supremacía blanca en el contexto canadiense. Estas investigadoras no utilizaron conceptos de Estudios Locos per se para desarrollar sus críticas; sin embargo, están alineadas con los Estudiosos Locos y están comprometidas con la justicia social. Las ideas de estas autoras revelan importantes posibilidades para el futuro de la teoría loca y el alcance de los Estudios Locos.

Las fuentes potenciales más importantes para la teoría loca siguen siendo las intervenciones colectivas en formas de conocimiento que provienen del exterior del complejo industrial académico, o que desafían sus límites y autoridad. Hay lecciones fundamentales que se pueden aprender de las políticas contra la pobreza y la lucha contra la violencia que surgen de perspectivas locas (ver Coalición Psiquiátrica Contra la Violencia, 2015): estas voces siempre han sido anclajes en la organización de sobrevivientes de la psiquiatría/gente loca, pero pueden ser desplazadas en el proceso de expansión de los Estudios Locos en el complejo industrial académico. Además, debemos aprender las dolorosas lecciones del racismo anti-negro en una organización más amplia del movimiento social (Garza 2014) y considerar las formas en que emerge el racismo anti-negro en la organización del movimiento loco. Por ejemplo, en el contexto de Toronto, activistas antirracistas como Urban Alliance on Race Relations (2002) y Black Lives Matter (Ross 2016) han estado al frente y en el centro de la lucha contra los asesinatos policiales de hombres negros con etiquetas psiquiátricas, mientras que muchos de los activistas locos identificados como blancos no han podido reconocer y lidiar con la centralidad del racismo en casos de violencia contra personas con etiquetas psiquiátricas.

Desde la importancia histórica y continua de publicaciones periódicas como Pheonix Rising, Asylum y Our Voice / Notre Voix hasta la teoría encarnada producida a través de espacios artísticos como Gallery Gachet y Friendly Spike Theatre Band, así como la recentralización de importantes contribuciones históricas de escritoras anti-coloniales como Bessie Head (1974; Onyinyechukwu Udegbe, comunicación personal) y Meri Nana-Ana Danquah (1998; Mollow 2006), existen muchas fuentes importantes para una teoría loca más profunda. En conjunto, estas intervenciones pueden ayudarnos a obtener una comprensión más concreta de las formas en las que lo psi, como relación dominante, es co-constitutiva del patriarcado, el colonialismo y el racismo anti-negro, entre otras lógicas de la racialidad (Kanani 2011) . En el mejor de los casos, la teoría loca puede ayudar a dilucidar y abordar algunos de los contornos específicos de conceptos amplios como el "colonialismo de asentamientos" (settler colonialism). En el peor de los casos, la teoría loca puede reforzar la política de identidad de la clase media blanca al valorizar y recuperar las subjetividades blancas menos dominantes.


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