29 de marzo de 2020

Escape

Ilustración de la autora

Surakav Hura

Me diste las palabras cuidado y amor
Y las acogí en mi ser como un mandato
Como lo que se guarda y se expresa
Algo que se irradia y se atesora

¿Pero qué es cuidado para ti?
¿Mantenerme en una caja prisionera de tus deseos?
Cuidado que mis emociones no me hagan daño
Que mis emociones sean las tuyas

“Tsss Tsss, ¿en qué piensas?”
“¿Dónde van tus ideas, tus recuerdos y reflexiones?”
Me quieres en una caja
Develando mis más íntimos secretos a tu ser

“¡Mírame a los ojos!”
¿Cuáles ojos?
No veo tu alma detrás de ellos
No veo la mía
Me quieres en una caja
Sollozo una y otra vez
Mientras me miras firme, acechando, controlando

"Come lento", "come más lento"


¿Que como rápido?
¿Cómo debo comer?
¿Cómo tú?
¡Me quieres en una caja!
No quiero estar en tu caja

Me levanto, tomo mis cosas
Te sirvo café y pronuncio un “no más”
Me acorralas con el discurso
Mis palabras no salen de mi boca
Para protegerme
Para que no las uses para modelarme

Corro, huyo, me escondo, salto y me escondo
Allí, donde una amiga
¡Me quieres en una caja!
En una caja sólo para ti

Te enfrento, apelo a las instituciones
Apelo a la norma, apelo a mi seguridad
Reclamas, me llamas loca

¡Me querías en una caja!
Pero ya la salté, ya la rompí
Y nunca más estaré en esa caja, ni en otras
No me gustan
Prefiero ser libre como el colibrí
Posada de flor en flor
Mostrando colores exóticos que cambian
Cada vez que recuerdo las cajas

Ilustración de la autora

26 de marzo de 2020

Fragmentos de Marisa Wagner, poeta, escritora y loca


Imagen extraída de Escriitura Feminista

Tal como la describió Mariane Pécora en una entrevista del 2009 para el Periódico Vas, Marisa Wagner era poeta, escritora y loca. Nacida en Huanguelén, Provincia de Buenos Aires, Marisa se desempeñó como docente en la Escuela de Psicología Social y formaba parte del Frente de Artistas Externados del Borda. Convirtió en poesía y literatura sus experiencias con la locura y sus múltiples internamientos psiquiátricos. Fue a parar “con sus huesos” a los manicomios: Borda, Moyano, Alvear, el Servicio de Salud Mental de Olavarría, el hospital de Hinojo, y Montes de Oca, donde estuvo internada desde 1955 hasta 1998.


Luego de ganar un premio de poesía, en el año 2000 publicó el libro Los Montes de la Loca. Los siguientes son tres poemas extraídos de este libro, que puede descargarse en este enlace. Cerrando esta misma entrada, se encuentran fragmentos de la entrevista que le realizó Mariane Pécora en 2009. 

Diría Alfredo Moffat que “Marisa Wagner no necesita presentación, esta obra es una autobiografía. En ella relata desde la emoción y una profunda ideología, sus más íntimas vivencias”. En palabras de Alan Robinson, "Nadie como Marisa Wagner ha sabido describir la vida en el loquero. Nadie como ella ha logrado producir tanta belleza de tantos abusos. Marisa Wagner ha sido creadora de realidades".


YO


Yo…
-ésta mujer rota-
que a veces se despedaza aún más en la locura.
La que emprende sigilosos, nocturnos vuelos,
sobre los nidos secretos de los monstruos.
La que suele mantener conversaciones largas con el mismísimo demonio,
mirándolo a los ojos.
Yo…
-este ángel mutilado erróneo-
que arrastra su ala rota en los pantanos,
que camina lentamente
sobre brasas encendidas, sin notarlo,
expiando
quién sabe qué pecado.
Que no se persigna jamás, ni se arrodilla
ante ningún dios de cotillón,
ante ninguna deidad de fantasía.
Quizás…
porque vi morir mis hombres mejores en la guerra.
Inocentes, desnudos, crédulos,
descalzos, casi desarmados
y jamás pude enterrarlos,
quiero decir, honrar la tierra con sus cuerpos niños…
hoy… sin embargo,
me inclino
-con la docilidad y la elasticidad de un junco-
frente al milagro descomunal de su ternura.


Al Licenciado Germán Agüero

SI YO NO ESTUVIERA LOCA


Si yo no estuviera loca…
¿Qué estaría?
¿Muerta?
¿Desaparecida?
Y estar loca…
¿No es una manera -como otra cualquiera-
de desaparecer o de morirse?
Pero no filosofemos…¡no jodamos!
Si yo no estuviera loca estaría cuerda.
Haciendo la fila
para pagar la luz, el gas, el teléfono.
Haciendo otra fila
para pagar los impuestos.
Estaría mirando los clasificados.
Los informativos.
Estaría soñando
Con ser alta, flaca, rubia
-como las modelos-.
Estaría yendo de Shopping
por ejemplo.
No sé si lo resistiría.
Creo que no sabría qué hacer del otro lado.


A Alberto Sava

LITIO


Se habla de la bipolaridad de mi locura.
De la necesidad del litio de por vida.
Hace diez años:
Litio en desayuno.
Litio en el almuerzo.
Litio en cena.
Y cada tres meses una litemia.
(Valor de litio en sangre)
Una ecuación psiquiátricamente perfecta.
Sin embargo, yo siento
que mi locura
tiene mucho más que dos polos.
Muchos más matices.
Muchos recovecos.
¿Será, tal vez, multipolar y multifacética?
Me pregunto si puede el litio con todo esto.
¿No estarán podridas mis neuronas de tanto
Ceglutión en cuotas?
Maníaca. Depresiva. Psicótica.
Caractericemos.
Encuadremos.
Traguemos la pastilla.
Que pobre mi locura bipolar
que se queda quietita con el litio.
Que retrocede asustadiza.
Y yo vuelvo a esta lucidez de morondanga.
Prolijita, Mustia. Gris.
Casi calladita.
Es que si rio demasiado tiemblo.
(Me estoy euforizando, temo)
Si lloro, también tiemblo.
(Me estaré deprimiendo, pienso).




Imágenes extraídas del Blog Los Montes de la Loca. En memoria de Marisa Wagner: http://losmontesdelaloca.blogspot.com/2009/08/mariane-pecora-entrevista-marisa-wagner.html




P. VAS. ¿Por qué se enloquece? 


M. W. Se enloquece por un dolor extremo o por una soledad extrema. Un mundo injusto genera subproductos patológicos, y eso somos nosotros. De hecho, algunas personas pueden zafar de la locura y sobreviven. Claro, se mutilan un riñón o el hígado, hacen algo psicosomático, mueren de cáncer… La enfermedad se les aloja en el cuerpo. Otras personas, con un mecanismo absolutamente sensible, enloquecemos. Este mundo genera locura por donde lo mires. A los niños empiezan a darles Ritalina a los tres años. Estamos construyendo adictos, cosa que es muy rentable para la industria farmacéutica. Y ni hablar de los que están el la calle sin otra madre que la estación Retiro, como dice un amigo poeta. ¿Cómo hacés para sobrevivir entre tanta injusticia y crueldad sin enfermarte?


P. VAS. ¿Cuál es la delgada línea entre la locura y la lucidez? 


M. W. La línea entre la cordura y la locura es muy imprecisa, muy difusa. Hay un momento en el que sentís que la realidad te supera, que dejaste de entender los códigos de los demás, que te quedaste muy solo y sin puentes… Entonces te inventás un personaje porque esa soledad es insoportable. Es preferible inventarse un otro que te persigue que caer en el vacío yoico, en la despersonalización. El delirio no es la enfermedad, sino la defensa contra ese vacío existencial terriblemente profundo que tenés enfrente.


P. VAS. ¿Qué fue lo que más te sorprendió al salir? 


M. W. Estar encerrada es como estar en un freezer, sin contactos con el mundo, detenida en otro tiempo. Cuando salí del Montes de Oca, lo primero que me llamó la atención es ver que todo el mundo hablaba solo por la calle. Parecía un brote psicótico. ¡Pero claro!, era la telefonía celular. Lo que más me sorprendió, a los pocos días de estar afuera fue que en menos de catorce cuadras, por Rivadavia, llegué a contar 40 personas en situación de calle. Familias enteras, ancianos, niños, torrentes de personas viviendo en la calle. Y me dije: este es el manicomio del otro lado.



Referencias:
  • Pécora, Mariane (s/a). Marisa Wagner. Los Montes de la Loca. Periódico Vas Buenos Aires.
  • Robinson, Alan (2018). Marisa Wagner, poeta y loca. Escritura Feminista.
  • Wagner, Marisa (2007). Los Montes de la Loca. Ediciones babobab. Buenos Aires.

22 de marzo de 2020

Entre el claroscuro

Ilustración de la autora

 Surakav Hura 

Una luz enceguecedora
Una noche infinita
Un desasosiego calmado
Preguntas, preguntas, 
y todas las respuestas que te puedas imaginar

El mundo entero
Entrando por mi boca
Y luego con mis manos
Con mi/tu soplo
Una canción eterna
Que acurruca a cualquiera
Y a cada quien

Unos pies helados
Y unas manos sudorosas
Los ojos entreabiertos
La boca semi cerrada
Mientras inhalo tu dulzura
Repito una y otra vez
Esas palabras que aprendí de niña
Pero que ahora cobran sentido y significado

No tengo la necesidad de saber tus secretos
Pero me los develas suavemente
Como una pluma que acaricia la piel
Como quien abre el cofre del amor
Colmado de trayectorias infinitas
Gracias por ser y dejarme ser
Gracias por hacerme herramienta
Gracias por hacerme tu voz
Que canta lo que crees y lo que me deleita


Ilustraciones de la autora







Memoria, resistencia y bordados locos en la chaqueta de Agnes Richter



Imagen tomada de http://costumechanges.com/agnes-richters-jacket/


“No soy grande. Deseo leer. Me lanzo de cabeza al desastre”
Agnes Richter



Para muchas luchadoras, “bordar es una forma de dar sentido al mundo e identidad a la resistencia” (Anaiz Zamora). Pueblos originarios, mujeres indígenas, y por qué no, mujeres locas, han dado cuenta sobre cómo el “vestir” traspasa los umbrales de la necesidad básica, para convertirse en una forma de contar historias a través de simbolismos entretejidos con las identidades. 

En el año de 1844 nació en Alemania Agnes Richter, una mujer que se ganaba la vida como costurera. En el año de 1893, a los 49 años, Agnes fue ingresada en el hospital psiquiátrico de Heidelberg por su padre y sus hermanos, luego de haber denunciado a la policía el robo de sus trabajos. Los próximos 26 años, Agnes viviría encarcelada y diagnosticada como paranoica. 

Tal como muchas otras mujeres ingresadas contra su voluntad, la posibilidad de escribir sus propias historias en el material disponible fue una manera de resistir al confinamiento y la violencia. Por ejemplo, Elizabeth Packard, quien, ingresada en 1860 en el primer psiquiátrico de Massachusetts, redactó sobre la ropa que se le permitió confeccionar para sus hijos distintas peticiones para liberar a las internas. O Lara Jefferson, ingresada en un hospital estatal del Medio Oeste en la década de 1940, quien, luego de hallar un trozo de lápiz, escribió el texto “Estas son mis hermanas” en el reverso de sobres viejos que encontró en la basura y que escondió después en el jardín (Gail A. Hornstein). O Jeanne Tripier, autodenominada “medium de primera necesidad de Juana de Arco”, quien dibujó y bordó durante los 10 años que estuvo ingresada en el psiquiátrico de Neuilly sur Marne en Francia, hasta su muerte en 1944. O también, las Locas de la Castañeda, quienes escribieron sus propias narrativas sobre aquello considerado como “enfermedad mental”, en los inicios del gran hospital psiquiátrico de La Castañeda en la Ciudad de México (Cristina River -Garza). 

Como diría Graciela García

Si estuviera en un hospital de finales del SXIX sin comprender porqué he sido internada; si vistiera un frío uniforme día tras día y viera mi identidad cada vez más desintegrada; si fuera drogada contínuamente y a pesar de todo me quedara esperanza, yo también escribiría. Pero escribir no era algo al alcance de cualquiera en aquella época, y menos para un loco, y menos para una mujer.

Lo que sí estaba al alcance de una mujer loca, mientras institucionalizada, era la costura. Al menos en la Alemania de la época, las actividades durante el ingreso se encontraban claramente diferenciadas en función del género. La institucionalización era a la vez reflejo y génesis de mujeres y hombres trabajadores. Mientras los varones se entrenaban trabajando en terrenos o en talleres para para fabricar zapatos o muebles, las mujeres tenían tareas como limpiar, tejer, coser y lavar los uniformes. 

Haciendo uso del material y los conocimientos a priori destinados para generar subordinación al cuerdismo, el género y la clase social, Agnes Richter materializó sus propias narrativas y resistencias de género y de “enfermedad” en la forma de una chaqueta bordada. Una chaqueta en la que plasmó con palabras parte de su experiencia de institucionalización, pero en la que, además, dejó constancia hasta nuestros días sobre cómo era su cuerpo:

Un siglo después, todavía podemos ver su pequeño cuerpo en las costuras estrechas, así como la evidencia de algún tipo de deformación de su giro en un pliegue adicional de material en el hombro derecho. Su sudor todavía mancha las axilas (Gail A. Hornstein). 

Al parecer, Agnes reconstruyó la chaqueta a partir de uniformes desgarrados que encontraba en el hospital, y luego escribió sobre ella mediante cientos de inserciones de agujas. Fijando el bordando de esta forma, Agnes parecía resistirse al olvido probablemente generado por la lavandería. La chaqueta está bordada utilizando “Deutsche schrift”, una caligrafía alemana que se utilizaba en el siglo XIX y que actualmente está en desuso. Se ha alcanzado a descifrar frases en desorden, como “No soy grande”. “Deseo leer”. “Me lanzo de cabeza al desastre”. “Mi chaqueta". "Estoy en Hubertusburg”, así como un constante uso del “yo” y el “mío” (Thomas Röske, 2014). Como diría Gail A. Hornstein, aparte de la notable confianza en sí misma para vestirse con su propio interior, se podría leer la necesidad de resistir el miedo a perderse.

Parece que, en un contexto en el que con alta probabilidad se castigaba con reclusión o daños físicos a quien lograra hablar, el tejido fue sobrevivencia. “El textil era para Ritcher más que una prenda, con ella expresó simbólicamente su situación” (Thomas Röske, 2014). Más que una chaqueta, se trata de un objeto biográfico (Gail A. Hornstein) que ha inmortalizado trayectorias creep por la locura.

Agnes Richter murió en el año de 1918, probablemente vistiendo su chaqueta. Ésta ha sido estudiada a través del tiempo por artistas, psiquiatras y psicólogas, entre las que destaca Gail A. Hornstein y su libro Agnes’s Jacket: A Psychologist’s Search for the Meanings of Madness.









Referencias:


  • Hornstein, Gail. A. (2009). Agnes’s Jacket: A psychologist’s Search for the Meanings of Madness. Routledge, England.
  • Röske, T. (2014). Agnes Richter’s jacket. Epidemiology and Psychiatric, 23(3): 1-3