23 de noviembre de 2020

Una perversión no atendida suficientemente

Collage elaborado por lokapedia


"Una perversión no suficientemente atendida" es el título de un artículo publicado por Margaret Otis en 1913 en la Revista de Psicología Anormal (Journal of Abnormal Psychology, 1913, vol.8, 113-116). Lo reproducimos íntegro y traducido en la Lokapedia porque refleja formas de regulación de la sexualidad de las mujeres cruzadas con distintos elementos: la segregación racial y el racismo; la definición de la locura y la inteligencia en su asociación con el desborde emocional; la clase social; y la institucionalización. También ejemplifica formas de resistencia antirracista y lesbiana que incluyen desde la apasionada escritura de cartas, hasta curiosos encantamientos para ser correspondidas en el amor. El texto describe todas estas "perversiones" entre mujeres blancas y mujeres negras y de color en el contexto de instituciones y reformatorios de principios del siglo XX. Un maravilloso pornorromanticismo interseccional...


Traducción elaborada por Lokapedia y Carmen Romero Bachiller

 

Una forma de perversión bien conocida por las trabajadoras de reformatorios e instituciones para chicas delincuentes es la relación amorosa entre chicas blancas y de color. Quizá esta forma particular de relación homosexual no ha llamado la atención de los científicos. La clásica forma de relación que se encuentra entre chicas, incluso en internados de clase alta, es bien conocida; y esta característica de la vida escolar es precisamente una de las muchas dificultades que se presentan a quienes están a cargo de asuntos educativos. La diferencia en el color, en este caso, sustituye a la diferencia en el sexo, y surgen ardientes relaciones de amor entre chicas blancas y negras en escuelas donde ambas razas conviven juntas.


Hay una institución en particular donde la dificultad parecía tan grande, y el inconveniente de la intimidad entre chicas tan aparente, que se recurrió a la segregación. Las chicas de color fueron trasladadas a un pabellón separado a corta distancia de los otros edificios. Se mantuvo a las chicas separadas tanto cuando trabajaban como cuando jugaban. Se les hizo entender que estar juntas constituía una seria infracción a las reglas y se prohibió tajantemente que las chicas blancas tuvieran algún contacto con las de color. No obstante, esta separación no consiguió completamente el efecto deseado: se añadía la motivación de la “fruta prohibida”. La separación parecía intensificar el valor de la amada, y el hecho de que fuera en cierto grado inaccesible, aumentaba sus encantos. 


En esta institución en concreto el amor de las “negras” parecía ser una de las tradiciones del lugar, muchas de las chicas decían que por fuera nunca había visto nada por el estilo; pero que, una vez llegadas allí, cuando veían a las otras chicas haciéndolo, comenzaban a hacer lo mismo también ellas, actuando bajo sugestión. A su llegada, una chica blanca solía recibir un mechón de pelo y una nota de una chica de color solicitándole ser su amada. La chica que había enviado el mensaje le sería señalada a la recién llegada, y si su apariencia resultaba satisfactoria, recibiría una nota en respuesta y su amor sería aceptado. Muchas entraban en tales relaciones simplemente para divertirse o ante la ausencia de algo más interesante que captara su atención. En otras resultaba ser una seria fascinación y de naturaleza intensamente sexual. Esta línea extraída de la nota de una chica muestra el sentimiento del amor verdadero: “Yo no amo por la diversión de amar, sino porque mi corazón me hace amar”. Se ha registrado el caso de una chica, constantemente implicada en estas relaciones amorosas con chicas de color, que, con el tiempo, habiendo dejado la institución, se casó con un hombre de color. Esto, no obstante, es inusual, ya que las chicas apenas tienen ningún contacto con la raza de color tras abandonar la institución.    


Existen diferentes opiniones sobre quién es la que comienza la relación. En ocasiones son las chicas blancas las que escriben primero, y otras veces las chicas de color. “Puede ser de ambas formas”, dijo una chica de color. Una chica blanca, sin embargo, admitió que la chica de color que ella amaba parecía el hombre, y creía que también era así en el caso de las otras. Otra chica blanca decía que cuando una chica de color en particular la miraba, parecía casi que la hipnotizaba. “La volvía loca”.


Este hábito de “amar-a-las-negras” parece estar restringido a cierta clase de chicas. Estas se aglutinarían en una parte del dormitorio para mirar por la ventana a las chicas de color en su camino hacia el trabajo. Se podían pasar notas, lanzar besos o intercambiar miradas. Cada una de estas chicas era reconocida como una “amante-de-negra”. Cuando se les preguntaba sobre el tema, alguna insistía en que lo hacía solo para divertirse. Una dijo que saludaban a las “negras” (“niggers”) solo “para ver cómo las negras (coons) se emocionaban”.


Cuando se confiscaban, las notas mostraban la expresión de un apasionado amor de bajo cariz, se usaban muchas expresiones groseras y el instinto animal parecía sobresalir. El ideal de fidelidad está presente. Una chica es acusada de veleta si cambia de amada muy a menudo. “No me gusta una chica que me engañe”, aparece en una de las cartas. En su peculiar código moral se requiere que una chica sea sincera con su amor. Está mal visto “coquetear” con otras chicas. Extraído de una de las cartas: “Esta mañana cuando te dirigías a la enfermería lanzaste un beso a Mary Smith. Si te importa más de lo que te importo yo, no dudes en decírmelo. No te quiero porque tú me dijeras que me amabas. Podía haber mantenido mi amor oculto si hubiera querido. Realmente lamentaré el día en que te escribí y te envié mi amor si este evidente engaño no cesa inmediatamente”.


El castigo a una chica que es infiel o que deja de amar a su amada parece ser una maldición por parte de la dolida abandonada. “Hace poco una de tus amigas me mandó un mensaje diciendo que no me amabas, pero que tú no querías que lo supiera por miedo a que yo te pudiera maldecir. Bueno, pues no tengas miedo. Nunca maldigo a nadie. He sido tan cuidadosa aquí en cada pequeña cosa que he hecho, por miedo a que alguna te fuera diciendo que había sido infiel. No, ¡en absoluto! No soy infiel”.


A menudo este tipo emocional de amor provoca una reacción. Chicas que antes eran amantes se abandonan y el odio sustituye al amor. El sentimiento cambiará y ni siquiera se mantiene la amistad. Es en este momento cuando resulta más fácil aproximarse a la chica para influenciarla a abandonar su actitud excesivamente emocional. En este momento se le puede hacer ver que semejante amor no es duradero y le hace más daño que bien. 


A veces el amor es muy real y parece incluso ennoblecedor. En una ocasión una chica, habiendo escuchado que el peligro amenazaba su amor en otro pabellón, se mostraba inconsolable, y casi perdiendo la cabeza sollozaba: “¡Oh, mi niña! ¡mi niña! ¡Qué va a ser de mi niña!” Su angustia era tanta que perdió todo el miedo a ser descubierta. Incluso gritaba su nombre. La intensa emoción disipó todo el peligro y únicamente la ansiedad por su amada ocupaba toda su conciencia. Más tarde, tras sufrir el castigo por su falta, escribió a una amiga: “Puedes ver con esto que estoy siempre pensando en ti. Oh, hermana querida, ahora esto es entre tú y yo. Lucy Jones me ha pedido que deje a Baby, intentando decirme que ella no me ama. ¿No ves lo que está intentado hacer? Conseguir mi amor de nuevo. ¡Ah! Hermana queridísima, yo podría decir que dejaría a Baby, pero ah, en mi corazón yo la amo y siempre lo haré.” De nuevo: “¡Ah! Nunca abandonaré a Baby; no me importa lo que ocurra, porque los problemas no cambian mi mente ni una pizca, y espero no cambien la tuya”. 


Un rasgo interesante de estos episodios de amor se encuentra en las múltiples prácticas supersticiosas, especialmente entre las chicas de color cuando desean obtener el amor de una chica blanca. Curiosos encantamientos amorosos se fabrican con mechones de pelo de sus enamoradas. Una práctica consiste en que una chica de color entierre un mechón de pelo de la chica blanca que le gusta y esto garantizaría el logro de su amor. Estas prácticas, algunas de una naturaleza tan grosera que no pueden ser escritas, parecen ser parte del sistema, porque sistema debe ser llamado, al estar tan incrustado en la vida de la institución.       


Cuando son reprendidas por sus tonterías, las chicas dicen: “Bueno, nosotras tampoco tenemos mucho más en que pensar”. Eso es cierto, carecen de la naturaleza emocional que anhelan, y parece que deben tener lo sensitivo y lo emocional de alguna forma. Una chica dice: “Cuando has adquirido el hábito de tener el amor de una chica, y ella se va, tienes que tener a otra; no puedes seguir adelante sin pensar en una chica en especial”. En ocasiones, por supuesto, la relación es una perfectamente inocente amistad entre chicas, pero incluso aquí entran en juego los celos. 


Algunas personas interesadas en este aspecto de la vida de la institución han preguntado: “¿No es cierto que son las chicas retrasadas las que se abandonan a esta baja forma de amor emocional más que las otras?”. Este no es el caso. Muchos pecados están situados en la puerta del retraso, pero el retraso mental no explica todo. Lo cierto es más bien lo contrario. Algunas de las chicas que se pierden por este amor por las chicas de color tienen, más bien, las capacidades intelectuales más altamente desarrolladas respecto a cualquier chica de la institución.


Una se puede preguntar cómo esta fase de abandono a la naturaleza sexual es entendida por las propias chicas. La respuesta se puede encontrar en el hecho de que existen diferentes categorías en las normas morales de la institución. Hay algunas chicas que se consideran por encima del resto. Entre estas chicas auto-consideradas de clase-alta, las “amantes-de-negras” son despreciadas y censurables. Se las considera como no suficientemente buenas para asociarse con ellas. Que el agua busca su propio nivel es verdad incluso entre las propias chicas delincuentes. Aparecen ciertas hermandades y pandillas, y aquéllas que son “clase alta” se burlan de las “comunes”.