23 de abril de 2020

Recuerdo a Valerie


“Recuerdo a Valerie” forma parte del libro Airless Spaces de Shulamith Firestone, publicado en 1998 por la editorial Semiotext(e). 
Firestone solo escribió dos libros: Espacios sin aire y La dialéctica del sexo, reconocido como un clásico del feminismo radical estadounidense de los 70, junto con Política sexual de Kate Millett. En otra entrada, contamos y politizamos “lo personal” de esta gran feminista, teórica y activista, entre ambos libros. 
Espacios sin aire son pequeños flashes autobiográficos de “perdedores sociales”, descritos con una triste belleza que bien podría formar parte de ese “arte queer del fracaso” (que diría Halberstam). Hemos seleccionado este “recuerdo a Valerie” Solanas, la que fuera autora del Manifiesto Scum, convertida -a pesar de ella- en icono popular, más por “disparar a Andy Warhol” que por su contribución en vida y obra al feminismo. En concreto, hemos querido traducir este fragmento por lo que tiene de reconocimiento, desde la distancia teórica abismal que las separaba, pero que pone en práctica esa “hermandad poderosa”. Pero también, por el extrañamiento y el temor que Firestone reconoce sentir hacia Valerie, expresado desde la sinceridad y la vergüenza (por lo que tiene de traición feminista). ¿Qué pasa con la mirada y el reconocimiento feminista cuando se cruza con la pobreza y la locura? ¿Solo se puede ser feminista desde la cordura y el bienestar/éxito? Las palabras de Firestone hacia Valerie son crudas, pero a la vez sensibles, quizá porque la propia Shulie había experimentado la hospitalización involuntaria, el miedo a la traición y la soledad de la pobreza. Los espacios sin aire.

Recuerdo a Valerie
No es que admirase su acto de disparar al famoso artista pop Andy Warhol en el estómago por una disputa sobre una obra que ella le había entregado para que la leyera y produjera. Ni particularmente valoraba su libro, El Manifiesto Scum: en aquel momento pensé tenía una peligrosa tendencia hacia lo que se convertiría en una teoría matriarcal en el movimiento de mujeres, una glorificación de las mujeres en tanto están en su estado oprimido.  
Francamente, pensaba era un gran error reconocer a Valerie como una de nosotras, una emancipadora de las mujeres, muchos menos acoger su libro como teoría feminista seria. (De hecho, pensaba que la iniciativa de esto venía de los medios). Había escuchado también de Ti-Grace Atkinson que Valerie la había amenazado con echarle ácido en su cara cuando fue a visitarla a la cárcel. Pero fui a visitar a Valerie de todas formas, había oído que se había mudado a solo una cuadra de mi piso desde su salida de Mattawan, un psiquiátrico penitenciario. La quería ver por mí misma y fui temeraria en aquellos días.
La encontré en un apartamento mejor que el mío, planta baja, fuera de un patio de un gran edificio de ladrillo con columnas blancas dóricas en frente. El edificio era de lejos el más bonito de la cuadra, tercera calle entre Avenidas A y B, la puerta de al lado de un mercado italiano de verduras. La habitación era simple y sobria, el tamaño de un pequeño apartamento-estudio, con una cama y una mesa de trabajo. Valerie estaba delgada, pálida, envejecida, con cierta mirada de suspicacia en sus ojos, y siempre con un mono de chica pobre chic. Llevaba calcetines blancos y cuello alto, se encendió su propio cigarrillo, cuidadosamente y con concentración, Big Top.
Agarró mi libro de una estantería estrecha sobre su cama y me mostró dónde lo había subrayado. “No me gustó tu libro”, me dijo, y empezó a discutir mis teorías. Yo me defendí como pude, e intenté cambiar de tema. No lo veía como un encuentro entre compañeras teóricas.
Le di un periódico underground que había traído, con un artículo sobre cómo llamar a Europa sin coste. Estaba muy agradecida.    
Se volvió paranoica con el tema de la “mafia mediática” que iba por ella. Pensé que quizá fuera cierto.
Apareció un chico joven, guapo de cierta manera. El efecto de su imagen se desvaneció rápido cuando pareció no ser muy brillante. Pero parecía entregado a Valerie. Yo sabía que era lesbiana, interpreté al joven como alguien a quien había conocido en el Blimpie, donde decía iba por la noche. Pensé era todo lo que podía hacer para sobrevivir con la pensión que recibía.
Cuando regresé a casa, tuve un sueño donde me atacaba y me hería. Decidí no volver.
***Flash forward ***
Pasado un tiempo, después de mudarme a St. Mark’s Place, estaba trabajando como muralista, y la vi en la calle. Me preguntó si sabía de un cuarto, y vi que estaba mendigando. Había perdido su apartamento, y probablemente su pensión.
Me pidió unas monedas después de eso, y lamenté haberla convertido en una simple mendiga a mis ojos. Una vez me la encontré en una sandwichería junto a la calle mayor de St. Mark. Hablaba incoherentemente y el sonido le salía desde lo profundo de su garganta, como alguien con problemas de laringe. Me miró con odio, y me amenazó. Yo estaba muy preocupada. ¿Eran los demonios de la psicosis asesina, o simplemente era un caso grave de neumonía bronquial y no debería de estar en la calle? Pero tuve demasiado miedo de ella para invitarla a mi piso.
Después, un amigo mío que lleva una tienda en St. Mark’s Place me dijo que se le había acercado para pedirle algún sitio donde quedarse. Estaba cubierta de llagas y llevaba solo una manta para pedir. Había estado aproximadamente tres meses viviendo en la calle, sin techo. No mucho tiempo después, desapareció de la calle completamente. La habían “recogido”.
Fue muchos años antes de que escuchara de ella de nuevo. Entonces fue un obituario, diciendo que había sido encontrada en un hotel de San Francisco muerta de enfermedad pulmonar.
Recientemente salió la película Yo disparé a Andy Warhol. Parecía que la Mafia Mediática atrapó a Valerie después de todo. No fui a verla.