10 de agosto de 2019

Yo, Tituba, la bruja negra de Salem



Gritó:
- ¿Eres una bruja? ¿Sí o no?
Suspiré:
- Cada uno concede a esa palabra un significado diferente. 
Cada uno cree poder moldear a la bruja a su manera con el fin 
de que ésta satisfaga sus ambiciones, sus sueños, sus deseos… 
(Yo, Tituba, la bruja negra de Salem, p. 178).






En 1986, Maryse Condé, feminista francesa nacida en la isla caribeña de Guadalupe, publicó Yo, Tituba, la bruja negra de Salem, una novela que realiza una crítica al colonialismo, sus efectos sobre el cuerpo de las mujeres negras y el papel del discurso religioso en la construcción de la figura tanto de la bruja como, más tarde, de la loca.

La protagonista y narradora de la historia es Tituba, una niña nacida en la isla de Barbados, producto de la violación de un marino inglés a su madre Abena. Dicho acto refleja la situación de explotación de las mujeres africanas esclavizadas bajo el colonialismo inglés de la isla caribeña en el siglo XVII. Tituba es esclavizada y obligada a atravesar en barco el océano Atlántico, como parte de las rutas de trata de esclavos desde África al “Nuevo Mundo”, y con el fin de trabajar en las plantaciones de las nuevas colonias inglesas en Norteamérica (en “Nueva Inglaterra”, hoy Massachusetts). 

Alejada de sus raíces y su tierra, Tituba sobrevive gracias a sus saberes sanadores, por medios espirituales y a través del conocimiento de hierbas y plantas, legados por su madre Abena y por su madre adoptiva, Man Yaya. En los difusos límites entre la vida y la muerte, Tituba es acompañada constantemente por ambas mujeres que, luego de pasar a otra forma de existencia, le siguen en cada peripecia. Son los consejos heredados de sus ancestras y protectoras espirituales los que guiarán a Tituba en cada decisión y experiencia. Pero, lejos de Barbados, sus prácticas y lenguaje serán interpretados desde el fanatismo religioso del puritanismo protestante, obsesionado con la figura del diablo, y será acusada de brujería en el contexto de los juicios de Salem a finales de 1600.

Los “juicios de Salem” constituyen un hito histórico en la llamada “caza de brujas”. Fueron iniciados a partir de un rumor transmitido colectivamente por niñas y mujeres de la comunidad de Salem, cuya propagación fue posteriormente interpretada como un caso de “histeria colectiva”. Más allá de una supuesta “psicopatología compartida”, dicha expansión fue consecuencia “lógica” del fanatismo religioso axfisiante y obsesivo del lugar. La novela muestra el paso de la recepción inocente y agradecida de los remedios sanadores de Tituba por parte de la comunidad, a la progresiva sospecha desde la amenaza y el miedo. En particular, nos describe cómo las niñas a las que cuida Tituba pasan de una mirada inocente que escucha con alegría sus canciones antillanas, a la asimilación de la mirada adulta occidental contaminada por el puritanismo y la acusación diabólica.

A través de la historia de Tituba comprendemos cómo comportamientos no ortodoxos de las mujeres eran interpretados como brujería, y más tarde, como locura; pero además, cómo lo “no-ortodoxo” estaba atravesado también por el colonialismo y la racialización. Lo que se “brujeriza” y posteriormente se persigue son las prácticas y saberes no occidentales que Tituba lleva al ”Nuevo Mundo” como prácticas sanadoras, que terminan condenándola y que siglos más tarde serán objeto de patologización desde la mirada clínica.

Su historia ejemplifica los procesos de colonización de la mirada occidental sobre la conducta “humana” y “no-humana”, primero desde un paradigma religioso y después desde la norma médico-legal. Siglos más tarde, conductas y creencias como las de Tituba (comunicarse con sus ancestras, su sexualidad libre, sus rituales, etc.) serán interpretadas en términos de “enfermedad mental” por las autoridades médicas. Desde una mirada feminista decolonial, la brujería y la locura pueden ser interpretadas como mecanismos de regulación de la conducta de las mujeres con conocimientos y poderes que desafiaban tanto el poder masculino como la cultura occidental.